Pues muchas gracias, aquí te pego el prologo que sería el primer capítulo.
Lyara corría tras el ciervo. Su cabello castaño con mechas doradas ondeaba con el viento. Su tamaño le permitía ser ágil y pasar entre las ramas bajas, siendo la única ventaja de tener solo quince años y tener que cazar por comida. El ciervo, con una flecha en el muslo y otra cerca del cuello, mantenía su velocidad.
Lyara se encontraba ansiosa, pues sería su primera presa grande. Poco a poco el ciervo tomaba distancia, y Lyara solo podía ver cómo se escapaba, pues su cuerpo estaba adolorido por el entrenamiento.
— Vaelor me va a matar a entrenar como no lleve hoy tampoco carne. – Resoplo desganada Lyara, mientras mantenía el ritmo. – Bueno siempre está la opción de comernos al ciempiés gigante de la boca del diablo, eso si no nos come a nosotros como casi nos pasó la última vez. – Lyara se rio como siempre, aliviando su tensión. –
Lyara fue frenando pues había perdido de vista al ciervo. Se apoyó en sus rodillas para intentar recuperar el aliento. Sacó la lengua en un gesto exagerado. Sus ojos dorados se fijaron en el rastro de sangre dejado por el ciervo. Después de tomar aire, intentó seguir el rastro y, aunque hubo tramos que se le dificultaron, tras una hora logró encontrarlo.
El ciervo estaba tumbado en el suelo jadeando. La sangre manchaba el suelo, bajo su agonizante cuerpo. Lyara sintió un dolor en el pecho por verlo así.
— Lo siento mucho, pero nosotros tenemos que comer. Como dice Vaelor lo primero es nuestra supervivencia. – Lyara hablaba intentando mantener un tono de voz tranquila, mientras acariciaba al ciervo. – Si ves a mis padres al otro lado ¿Les puedes decir que los echo de menos? – Una lágrima de culpabilidad corría por su mejilla mientras tomaba el cuchillo de caza restaurado. –
Recordando las palabras de Vaelor, clavó el cuchillo en el cuello, buscando algún vaso sanguíneo grande. Lyara con las rodillas en el suelo, se cerraba los oídos para no oír sus lamentos. A medida que el ciervo se desangraba sus lamentos se debilitaban.
— Aún no me acostumbró a esto. No sé cómo narices lo hará Vaelor para no sentir emociones al cazar o al pelear.
Lyara saco de entre sus cosas una cuerda y ató al ciervo por los cuernos para luego atarlo a ella misma. Dirigió su vista al cielo. El sol en el cielo le saludó con sus rayos perezosamente.
— Bueno aún tengo todo el día para llevar el ciervo al menos. – Dirigió una vista al cadáver del ciervo, viendo su gran tamaño. – Voy a acabar con agujetas. – Lyara usaba todos los músculos de su cuerpo para mover al ciervo, lentamente. –
Vaelor se encontraba en una de las forjas de la minería abandonada. Su gran tamaño y musculatura le permitían trabajar durante horas sin descanso. El calor de la fragua hacía que se tuviera que retirar su pelo plateado de la frente a cada rato. El sol empezaba a caer y un sentimiento crecía en el pecho de Vaelor.
La preocupación por Lyara, crecía lentamente pues la había mandado a cazar con los primeros rayos solares. El martillo chocaba con el metal candente, dándole poco a poco la forma adecuada. El metal que en un futuro sustituirá la cimitarra robada, había perdido demasiado calor. Tomo las pinzas y la volvió a depositar en el fuego.
Se quedo mirando las llamas y las brasas, completamente hipnotizado. Recuerdos desagradables reptaban por su mente, escapando de su encierro. Sintió un escalofrío y no pudo evitar estremecerse un poco al recordar la sensación de su piel abriéndose ante el frío bisturí.
Agito la cabeza intentando apartar los recuerdos que le asaltaban. Miró alrededor de la forja, sintiendo la mirada de alguien. Una risita aguda y estridente les llegaba a sus oídos. Sacó el metal del fuego y buscó por la forja.
Un punto de luz del tamaño de una luciérnaga, floto delante suyo al mover unas cajas. Vaelor torció su gesto en una mueca de asco al ver que era un hada. El hada poseía un solo ojo que ocupaba toda su cabeza. En el vientre tenía una boca llena de dientes descolocados y amarillos sucios. Las alas grisáceas aleteaban erráticamente.
El hada salió volando, perdiéndose de la vista de Vaelor. Resopló molesto y recogió sus cosas, con la intención de ir a buscar a Lyara.
El sol empezaba a ocultarse, mientras la luna acechaba en el horizonte. Lyara se acercaba a la aldea abandonada, pero sus músculos se quejaban por el esfuerzo de horas de empujar el ciervo. Todo su cuerpo se encontraba empapado de sudor y ella respiraba jadeante.
El alivió llenó su cuerpo cuando vio los ojos plateados de Vaelor a lo lejos. Se desató las cuerdas y quitándose la mochila se tumbó en el suelo incapaz de articular palabra. Vaelor cuando se acercó a ella y la vio sin heridas nuevas, sintió alivio. Lo primero que hizo fue examinar en completo silencio el ciervo cazado. Se fijo en las flechas clavadas y en la herida del cuchillo en el cuello.
— Si hubieras acertado la flecha en el cuello, no tendrías que haberlo rematado. – Como siempre Vaelor hablaba en un tono estricto y frío. – Y además es una pieza demasiado grande para ti. Tendrías que haberte centrado en algo accesible para ti.
— Puf, no puedes simplemente decir, buen trabajo o algo así, cascarrabias. – Lyara no se encontraba irritada. Al contrario, empezaba a divertirle la actitud de Vaelor. –
Vaelor se puso la mochila al frente y cargo al ciervo sobre los hombros. Sin esperar a que Lyara se levantase se dirigió al poblado abandonado. Al cabo de unos metros Lyara logró alcanzarle.
— Últimamente no dejan de mirarme las malditas hadas. – Susurró Lyara. – Sospecho que planean algo.
Como si sus palabras las hubieran invocado, cientos de puntos brillantes se dibujaban en el paisaje. Cientos de hadas aberrantes los vigilaban. Algunas de ellas tenían dientes podridos y más grandes que sus bocas. Otras con dedos más largos que ellas. Todas al unísono se reían de ellos y mostraban ilusiones de cadáveres.
A Lyara se le encogió el estómago, pues aún sentía aversión a los cadáveres. Intentaba mantenerse seria y no temblar cuando las hadas se acercaban a ella para examinarla de arriba abajo. Su olor a podrido le revolvía el estómago.
— Seguramente te ven como la más débil. Tú mismo dijiste que no debíamos mostrarles miedo. – Vaelor susurraba con calma, como si la situación no le involucrase. – Así que deja de temblar.
— Claro para ti es fácil decirlo. Mides dos metros y de un tortazo le arrancas los dientes a cualquiera. – Lyara intentó bromear, pues era su único mecanismo de defensa y lo que la mantuvo cuerda tras tantos años de encierro y tortura. –
Y sin saberlo ese fue la primera vez que logró cazar sin usar magia o al borde de la magia. Sería de las pocas veces que cazaría para entrenamiento y no porque su vida dependería de ello.