¡Hola! Estoy escribiendo una novela de fantasía oscura con elementos de terror. Sigue a Damnatus, un joven cuya vida cambia cuando una criatura que creía parte de las leyendas aparece en su camino.
Quisiera compartir un fragmento del primer capítulo para conocer sus impresiones: ¿les despierta curiosidad por continuar? ¿Hay algún punto donde la narración pierda fuerza o resulte confusa?
Agradezco cualquier comentario sincero. ¡Gracias por leer!
Fragmento del capítulo 1: El descenso hacia la oscuridad
Llevábamos casi una hora caminando por una zona profunda del bosque cuando empecé a notar el silencio.
No habíamos visto animales ni escuchado pájaros. Ni siquiera se oía el zumbido de los insectos.
Incluso yo sabía que algo andaba mal.
Mi madre redujo la marcha. Se detuvo junto a un árbol, examinó el suelo y miró entre las ramas.
—Quédate cerca —me indicó.
Llegamos al lago Cerces, donde los animales solían reunirse para beber. Era un buen lugar para comenzar la caza, pero aquella mañana la orilla estaba vacía.
Ni una liebre.
Mi madre se agachó para buscar huellas en la tierra húmeda. Había marcas antiguas, pero ningún rastro reciente.
Mientras ella examinaba la orilla, me adelanté unos pasos y subí a una roca para observar mejor.
Fue entonces cuando lo sentí.
Una presión invisible se apoderó de mi cuerpo.
Tuve la certeza de que algo me estaba observando. Algo enorme, oculto entre los árboles.
El corazón me golpeaba el pecho. Quise volver junto a mi madre, pero las piernas no respondieron. Intenté levantar la mirada y tampoco pude.
Nunca había sentido algo así.
Había visto a un ursa arrancar la corteza de un árbol con sus garras. Había escuchado el golpe de los cuernos de un megalocero contra un tronco.
Aquello era distinto.
El bosque pareció alejarse. Dejé de distinguir los sonidos y el olor del agua. Mi respiración se volvió corta, casi inútil.
Hasta que el grito de mi madre me sacudió.
—¡Damnatus, muévete! ¡Ahora!
Giré la cabeza con esfuerzo.
Entonces lo vi.
Una bestia oscura, de unos cuatro metros de altura, se erguía sobre dos patas. Tenía el cuerpo robusto, el hocico alargado y cubierto de cicatrices. Dos colmillos sobresalían de sus mandíbulas.
Sus ojos rojos estaban fijos en mí.
La criatura rugió.
El sonido me atravesó el pecho. De su hocico caían hilos de saliva.
Se abalanzó sobre mí.