Capítulo 1: Un Amore al Caffè

¡Hola a todos! Quise compartir con ustedes el primer capítulo de mi obra; llevo seis terminados por el momento. Como autor novel, deseo que mis palabras llegaran finalmente a otros ojos. Se que para un principiante la inspiración es esquiva y la originalidad un reto, pero me convencí de que si no daba este paso, jamás conocería el resultado.

La historia se llama: Aquel día, en una cafetería de estilo italiano, conseguí la paz que necesitaba. Mi historia.

Les presento el capítulo 1:

Las jornadas se volvían largas, las horas pasaban y se sentían como una eternidad. Me dedicaba a cuidar cada detalle, cada asunto, buscando la perfección en los resultados. No sabía que, al final de esa tarde y por puro accidente, llegaría a aquel lugar que me despertaría el alma.

—¡Vaya día! Estoy agotado —solté un suspiro al aire.

Estaba terminando la jornada laboral. Empacaba mis cosas en la mochila, listo para salir por fin. Había sido un día muy extenso; hoy empezaba evento de ventas por el Black Friday.

Mi horario era de ocho de la mañana a cinco de la tarde, y venía a la oficina solo dos veces por semana, ya que me permitían trabajar desde casa el resto del tiempo. El home office se había vuelto común en esos días, lo cual agradecía profundamente, aunque eso no significaba que mi trabajo fuera más ligero debido a este evento.

Mi puesto estaba en el área de Marketing de una empresa de tecnología. Eran fabricantes de productos electrónicos de todo tipo, y mi equipo se encargaba de explorar el mercado, generar más confianza en los consumidores y consolidar la marca en un mundo donde la competencia tecnológica era feroz.

En eso, uno de mis compañeros me habla:

—¿Adel? ¿Recursos Humanos se comunicó contigo para la entrevista? —me preguntó Marcos.

Me llevaba bastante bien con él; era de esos compañeros que no dudarían en brindarte una mano, pero si tenía la oportunidad para burlarse, lo haría.

—No todavía. ¿Tú tampoco has recibido nada? —le respondí, tratando de que mi voz sonara casual.

—Aún no. Debería ser esta próxima semana, espero.

—Aguardamos la citación con ansias. No nos hagamos ilusiones: la disputa por el puesto será dura.

—¡Que gane el mejor! —dijo Marcos mientras me levantaba el pulgar sonriendo—. Por ahora tenemos que concentrarnos en la nueva jornada; nos espera una larga semana.

—Ni me lo recuerdes —solté un bostezo largo—. Ojalá no tengamos inconvenientes esta semana. Nos vemos el lunes, Marcos.

Decidí aplicar para la coordinación de mi área; me atraía la idea de una mejor paga, aunque sabía que eso implicaba mayores responsabilidades. Era un arma de doble filo: el éxito profesional frente a la pérdida de mi tranquilidad.

La empresa solía buscar candidatos internamente y siempre tomaba en cuenta a quienes ya conocían el área. El problema era que la oferta había salido hacía poco y tenía competencia; además de mí, otros tres colegas se habían postulado.

Uno de ellos era Julian quien, junto con Marcos, quizás eran los mejores candidatos para el puesto.

Tuve que actualizar mi CV de la mejor manera; quería que se viera atractivo a la vista. Confiaba en mi experiencia, ya que llevaba en la empresa casi cuatro años, pero el proceso seguía siendo intimidante.

Salí del edificio y me despedí del portero, quien se había vuelto un buen amigo para mí; siempre que tenía oportunidad, charlaba casualmente con él. Sin embargo, mis ánimos aquel día no me acompañaban.

Postularme me estaba causando un estrés innecesario; sabía que debía estar listo para dar lo mejor de mí cuando me contactaran… eso si es que llegaban a llamarme, por supuesto.

«Hoy empieza el Black Friday», pensé con pesadez. Después de una semana entera de preparación y de infinitas reuniones con todo el equipo para la planificación de la campaña, el cansancio finalmente me había pasado factura.

No paraba de bostezar, sintiendo que el cuerpo me pedía a gritos un descanso que el mundo corporativo no parecía dispuesto a darme.

—Eso fue agotador… —susurré para mis adentros mientras caminaba.

Estaba tan distraído en mis pensamientos que no me percaté de que caminaba en la dirección contraria. Habré avanzado unas dos cuadras, perdido en mis preocupaciones, hasta que me detuve por pura curiosidad ante una fachada de estilo europeo que desentonaba con el resto de la calle.

El letrero, elegante y acogedor, decía: “Un Amore al Caffè”.

—Mmm… ¿Una cafetería? —murmuré—. Creo que está escrito en italiano.

El lugar debía ser nuevo; no recordaba haber escuchado algún comentario de los compañeros de la empresa.

Las puertas eran de vidrio, lo que permitía ver su interior; el lugar era bastante bonito a simple vista. Sentí como si una mano invisible me atrajera con la invitación de pasar; no pude contenerme y puse mi mano en la puerta.

Lo primero que me recibió fue un dulce aroma; una fragancia intensa, pero deliciosa. Decían que para un verdadero amante del grano, solo ese olor bastaba para espabilarse; algunos, incluso, exageraban diciendo que los hacía sentir vigorosos.

El local estaba bastante concurrido y quedaban pocas mesas disponibles. Por suerte, logré encontrar una pequeña junto a una columna.

Había fila en el mostrador, así que preferí sentarme primero para asegurar mi lugar. Saqué el teléfono del bolsillo y revisé las notificaciones por si tenía alguna pendiente.

Me percaté del WiFi del lugar; sin embargo, estaba bloqueado. Supuse que para usarlo debería comprar algo.

Si hubiera tenido WiFi, habría usado mi laptop y habría buscado información para leer y prepararme mentalmente para la entrevista. Desde el teléfono podía hacerlo, pero la laptop me resultaba más cómoda.

No tenía ninguna notificación pendiente; miré el Google Calendar para las reuniones próximas, pero por el momento no estaba actualizado.

Luego de veinte minutos, la fila no daba tregua.

—Pero qué tonto soy, si no me levanto, nunca veré todo el menú.

El lugar comenzó a llenarse de forma gradual. Parecían ser personas que acababan de salir de sus oficinas y venían aquí a socializar. Otros, como mis compañeros, preferían irse de birras a algún bar. Los after office no estaban mal, pero solo de vez en cuando.

—Creo que mejor me voy, se está comenzando a abarrotar, aunque el aroma del café en este lugar es delicioso.

Estaba tentado de acercarme al mostrador, pero la muchedumbre me estaba descolocando un poco.

Recibí una notificación en el teléfono:

Sábado 4:00 de la tarde, partido de fútbol para la jornada número 14 de la liga europea. Transmite AllSports.Tv.

—¡Sí! Mañana hay partido de fútbol. Me distrae mucho ver a mi club. Tengo que preparar mi almuerzo temprano para disfrutar del juego.

Como vivía solo, debería haber estado pensando en qué cocinar al llegar a casa, pero el aroma del local me tenía hipnotizado. Era difícil tomar decisiones cuando el ambiente olía tan bien.

—Vendré el lunes luego de salir de la oficina. Está decidido —me lo prometí en voz baja.

Salí del local y emprendí el camino a casa; sin embargo, mientras me alejaba, ya lo hacía con la firme determinación de volver.


Este es el primer capítulo. Si llegaste hasta aquí, te agradezco mucho por leerme y por tu tiempo. Si te gusta, puedes conseguir los cinco capítulos restantes en Wattpad.

Agradezco mucho todas las críticas que me puedan sugerir.

¡Saludos!

Guteru.

Capítulo 2: La chica del mostrador.

Primer lunes después del Black Friday. Hubo muchas ventas y consultas…

—Marcos, ¿cómo estuvo en los demás sitios?

—El volumen de ventas creció con relación al año pasado; en los tres principales se generó hasta un 35 % más —respondió Marcos—. Adel, ¿qué tal estuvo la web principal?

—Bastante mejor, hubo muchas ventas, como también hay reclamos. Tenemos que empezar a gestionar esos casos; ya será para mañana.

Como mi horario de oficina se reducía a lunes y viernes, sabía que la mayoría evitaría ir un viernes para empezar el descanso temprano, pero yo prefería estar ahí por los planes que surgían después. Si el grupo organizaba un after office y el cuerpo me pedía una cerveza helada, ahí era donde me encontraban.

Los climas calurosos eran apetecibles para las cervezas; en esos días de primavera, cuando se asomaba el verano, resultaban ideales.

Era lunes por la tarde y ya era hora de salir de la oficina. Aún me sentía relajado por cómo había pasado el sábado. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de algo tan simple como prepararme una buena pasta en salsa blanca y pollo, disfrutando cada sorbo de una copa de vino blanco mientras el estrés se desvanecía.

Como mi club de futbol ganó por un amplio 4 a 0, estaba feliz. Cuando pierde o le roban el partido por un mal arbitraje, me da mucho coraje. Si el eterno rival pierde y se aleja de la punta, soy feliz. Si ganan, solo puedo decir que es pura suerte.

Aún no he recibido un e-mail de recursos humanos. Supongo que tardan un poco para evaluar los perfiles y preparar la entrevista del nuevo puesto. Lo que hace un coordinador de marketing es analizar, mejorar y ejecutar las estrategias y campañas de marketing.

Como estaríamos ocupados esa semana, creímos que recibiríamos una respuesta a partir del viernes.

Dentro de mi área, mi perfil era de mejora continua, búsqueda y obtención de resultados; se hacía un poco pesado y estresante por la responsabilidad que conllevaba.

—Chicos, el fin de semana hubo un gran volumen —nos dijo el Director de Marketing—. Por favor, estemos atentos a las gestiones para que puedan ser entregadas en tiempo y forma. ¡Cuento con ustedes!

El jefe de nuestro equipo era una persona comprometida, como también muy exigente.

En mi departamento éramos diez personas en total. A nuestro coordinador le habían ofrecido un traslado interno, así que, aunque aún no había abandonado el cargo, el puesto quedaría vacante pronto y la empresa ya estaba buscando un reemplazo.

Me despedí de Marcos para luego irme al ascensor. Allí me encontré con Lucas, el guardia de la recepción del edificio.

—Hola, Adel. Supongo que viste el partido, ¿cierto? —me saludó Lucas.

—Lucas, claro que sí —le respondí—. Los dos goles del nueve y el tiro libre del diez… la zurda de ese jugador es de oro. El cuarto gol fue un regalo del rival.

—Yo lo disfruté mucho —añadió él—. Estos partidos son los que te hacen ganar el título. Hay que ganarlo todo para mantener la mejor actitud hasta el final de la temporada.

—Correcto, Lucas. Mientras ganamos, el eterno rival se debe esforzar mucho para no bajar el ritmo. Por ahora, somos líderes.

—Bueno, si tropiezan es mucho mejor, jejeje —añadió Lucas—. Ya los verás quejarse.

—Jajaja… Nos veremos, Lucas, que tengas una buena semana.

Me despedí de él con un apretón de manos. Ahora podía concentrarme en mi próxima tarea: era hora de ir a esa cafetería.

Había pasado el resto del fin de semana con la mente divagando, contando las horas para que llegara el lunes. Mi único objetivo tras salir de la oficina era ese lugar. En cuanto crucé la puerta el viernes, aquel aroma me había golpeado de lleno, despertando una urgencia casi obsesiva por probarlo.

Seguramente manejaban todo tipo de granos, infusiones y presentaciones. También debían contar con una gran variedad de postres y platillos salados para acompañar.

En aquel entonces, lo que más se veía en las cafeterías eran opciones para celíacos; entre lo gluten-free y lo vegano, la oferta se había diversificado bastante.

—Bien, he llegado —me dije—. Voy a entrar.

El aroma que inundaba el lugar no había cambiado desde aquel día. Al ser lunes por la tarde, la afluencia de gente era menor; apenas cuatro clientes separaban mi turno del mostrador. Era ahora o nunca.

—¡Haré fila! —exclamé para mis adentros.

Me coloqué detrás de un par de chicas que parecían hablar de una serie muy popular de Netflix.

La fila avanzaba poco a poco. Alcancé a ver el cartel al fondo que desplegaba todo el menú: cafés de diversos tamaños, servidos tanto en vasos para llevar como en tazas. Los granos eran de origen internacional, provenientes de Centroamérica, Sudamérica, África y Asia. Entre postres y opciones saladas, el menú resultaba ser tan amplio como variado.

Llegó mi turno y mi decisión final fue un vaso de café espresso.

—Hola, buenas tardes. Bienvenido a Un Amore al Caffè. ¿Qué desea tomar?

Me recibió una chica muy amable, con una sonrisa leve y sumamente natural.

—Hola. Quisiera un vaso de espresso. Por favor —le dije.

—Perfecto. Tenemos una gran variedad de granos. ¿Desea alguno en particular? —preguntó ella mientras mantenía esa sonrisa.

—Creo que probaré los granos de Brasil, por favor.

—Estupendo ¿Desea ordenar algún postre para acompañar?

—No. Por ahora, solo el café… —Hice una breve pausa mientras miraba de reojo la vitrina de dulces—. Quizás me anime a un postre después. Gracias.

—No se preocupe. Le recomiendo nuestros postres caseros; tenemos una gran variedad de tartas. En especial, le sugiero el Red Velvet. También tenemos opciones saladas y snacks.

Ella no exageraba. Justo al lado estaba el mostrador de los postres: eran tartas enteras que se vendían por porciones y se veían realmente deliciosas.

—Jeje, te tomo la palabra —le dije con una sonrisa—, pero el aroma del café me tiene tan hipnotizado que creo que lo disfrutaré solo por ahora.

Pude notar que su sonrisa se marcaba más y comenzaba a ruborizarse. Aquello me dio una punzada de satisfacción.

—¿Cómo desea abonar? —preguntó ella, tratando de recuperar la compostura profesional.

—Veo que tienen una variedad de métodos de pago, así que usaré el QR de mi teléfono.

—Perfecto. Ya puede escanear.

El precio era de 7500 pesos; nada mal. Quizás resultaba un poco caro para un café solo, pero valdría la pena si el sabor era tan bueno como el aroma que impregnaba el lugar.

Notificación

“Gastaste $7500 en Un Amore al Caffè”

Le mostré mi pantalla y la chica confirmó la transacción en la suya; era una tableta grande, sin botones físicos. Todo en el lugar parecía de última tecnología.

Al observarla con más atención, me di cuenta de que llevaba un pequeño prendedor enganchado al delantal con su nombre grabado: Lucía.

—¿Cuál es su nombre?

—Mi nombre es Adel.

Aproveché que se dio la vuelta para echar un vistazo rápido al mostrador.

Me llamaron la atención las máquinas repletas de granos y la variedad de recipientes: tazas de cerámica robustas, vasos de vidrio de doble fondo y los clásicos de cartón para llevar. Cada detalle parecía estar en su lugar.

—¡En un segundo estará listo! —exclamó ella con entusiasmo.

—Sí, muchas gracias, Lucía.

Noté que, en cuanto pronuncié su nombre, se detuvo un segundo. Sus manos, que se movían con agilidad entre los filtros, quedaron suspendidas en el aire. Parecía que la había tomado por sorpresa.

—No… por favor, estoy a sus órdenes —respondió ella, bajando un poco la mirada mientras retomaba su tarea con una rapidez nerviosa.

Se volteó para mirarme con una sonrisa, manteniendo el contacto visual durante un par de segundos que parecieron eternos. Luego, con una delicadeza casi ritual, abrió el tarro de los granos de café que llevaba la etiqueta de “Brasil”.

Escuché el sonido vibrante del molinillo entrando en acción y, casi al instante, el aroma intenso y profundo del café recién molido comenzó a llegar a mi nariz.

Lucía preparó una bandeja redonda de diseño impecable, acomodando con cuidado un pequeño vaso de agua y una galleta de cortesía junto a mi café.

—Aquí tiene, señor Adel. Si me permite, para tener la mejor experiencia, podría probarlo sin azúcar.

¿“Señor”? Me quedé congelado un segundo. Me pregunté qué tan demacrado debía de lucir mi rostro para que me llamara así.

Ella se dio cuenta de mi expresión de asombro y enseguida se ruborizó de nuevo, esta vez de forma más intensa.

—Le… le pido una disculpa… —tartamudeó—. Por amabilidad y respeto le dije “señor” sin querer.

Verla así de nerviosa me pareció adorable. Mis inseguridades sobre el cansancio desaparecieron de golpe; solo pude soltar una pequeña risa mientras aceptaba la bandeja.

—Jajaja. Por favor, tranquila —le dije para calmarla—. Quizás el trabajo ya me está envejeciendo. No te preocupes.

Me reí mientras cerraba los ojos amistosamente. Noté que ella también se reía con delicadeza, llevándose la mano al mentón para cubrir su sonrisa.

—Gracias, Lucía.

—Espero que sea de su agrado, Adel. Muchas gracias por preferirnos.

No pude evitar sonreírle de vuelta, contagiado por su amabilidad. Era una chica muy dulce, después de todo.

Recogí lo necesario de la barra contigua y me senté en la misma mesa cuadrada del viernes. Tras acomodar la mochila en la silla de al lado, me preparé finalmente para disfrutar de la experiencia del café.

—Creo que ella me recomendó no ponerle azúcar —me dije en voz baja—. Voy a seguir su consejo.

Primero tomé un poco de agua para limpiar mi paladar y preparar las papilas. Contemplé el vapor que bailaba frente a mí como una danza lenta. Aspiré con fuerza para impregnarme de ese aroma tan especial y, finalmente, me llevé el vaso a la boca para dar el primer sorbo.

Sentí como si la silla me transportara a otro plano. De pronto, me vi succionado por un vórtice de tonos púrpuras y verdes; una experiencia casi psicodélica. Me recordó a aquel video musical donde un hombre cae al vacío desde un avión; era esa misma sensación de pérdida de gravedad, un descenso infinito hacia el placer puro.

Volví a la realidad tras aquel viaje sensorial. El café era intenso, con un cuerpo pesado y delicioso; aquel pequeño sorbo bastó para sentirme plenamente satisfecho.

—Lucía… qué buen café —murmuré en voz baja—. ¿Pero por qué me habla así, como si fuera alguien mucho mayor?

Por alguna razón, apenas ahora caía en la cuenta del trato que ella había tenido conmigo. Parecía que ese primer sorbo me había abierto los ojos, permitiéndome contemplar el local con una claridad que no tenía antes.

Noté las paredes de relieve azul grisáceo que combinaban a la perfección con la madera, y cómo las luces tenues resaltaban los cuadros y la decoración dedicada íntegramente al arte del café.

Algunas piezas de metal lucían detalles dorados muy finos. Volteé hacia la barra y me fijé en sus formas lineales, que seguían un patrón muy cuidado; el color de la madera era oscuro y elegante.

—¡Vaya! ¡Este lugar sí es elegante! —exclamé sin darme cuenta—. ¿Para qué ir a Europa si hay un pedacito aquí mismo?

No pude evitar pensar en voz alta y una señora, que pasaba por allí, llegó a escucharme. Se rió delicadamente de mi reacción mientras yo me ponía rojo como un tomate. En cuanto se alejó, me quedé ahí sentado, buscando desesperadamente dónde esconderme de mi propia torpeza.

—¿Qué tan despistado estaba hoy? —me cuestioné en silencio—. Recién ahora pude detallar mejor el lugar.

Mordí la galleta de cortesía y saboreé el bocado, disfrutando del contraste dulce con el amargo del café que todavía tenía por delante. El lunes se sentía mucho menos pesado desde esa mesa, así que simplemente me quedé ahí, saboreando el momento y dejando que el tiempo fluyera sin la presión de la oficina.


Hola! Les comparto el capítulo 2. Nuevamente si les interesa mi historia tengo 7 capítulos mas publicados en Aquel día, en una cafetería de estilo italiano, conseguí la paz que necesitaba. - Guteru - Wattpad

Les deseo una buena semana.

Hola!

Gracias por compartir. Está bien… pero no sé cómo decirlo. El primer capítulo, que está bien escrito, hay buenas descripciones y el protagonista habla directo.

Mi problema con el capitulo es que no sé si sea el ideal para el primer capitulo. Un primer capitulo debería abrir una interrogante, colocarnos en la acción o hablarnos de por qué importa o que hay en juego. El gancho, la promesa, me entiendes?, se habla poco solo el “Un Amore al Caffe”, pero llega no ordena nada y se va prometiendo volver?

El clima laboral y esa moneda de cambio entre exito profesional y tranquilidad es muy bueno, igual que lo son las descripciones del café.

¡Hola! Muchas gracias por tu comentario, estaba esperando algún tipo de crítica.
Mi idea del primer capítulo, sin prólogo, era empezar con el día a día del personaje y ese encuentro casual en la cafetería. Pero, analizándolo, tienes razón; quizá fui algo apresurado.

Hola. Estuve leyendo el segundo capítulo.

Quiero aclarar que me gusta que te dediques a escribir con paciencia. Sólo que no sé si tantos detalles son necesarios. Hablas mucho del trabajo, no está mal si será algo importante, pero podrías resumir un poco (al menos de momento) para llegar más rápido al punto crítico.

La conversación en el café es… muy realista. Se siente cada detalle mundano, desde la conversación del Netflix, de donde provienen los granos, el nombre de cada bebida, ¡la notificación! que cuando llego a la conversación me hace sentir… Un poco de repelus. ¿Es él un señor intentando hablar con una chica de un café? Creo que todos los hombres llegarían con esa intención, de conquistar la chica del café ¿Que hace a Adel diferente? Si me preguntas Lucía es una chica normal y de buen humor tratando de hacer su trabajo y Adel un señor un poco alegre que le hace un comentario, un hablador. Podríamos decir que ella es nueva en su trabajo.

Escribes bien, pero después de leer estos dos capitulos sigo sin entender el tema central de la historia o hacia donde va la historia. Mi crítica de siempre se mantiene. De pronto la única tensión que hay es laboral, porque has dedicado mucho tiempo y detalles hablar de su trabajo, pero dicha tensión se olvida en el café.

Ahora bien, dicho todo esto, te quiero preguntar, ¿de qué tratará tu historia? ¿Cuáles son los personajes principales? ¿Tienes claro el final? ¿Tienes claro el conflicto? ¿Tienes claro el tema del que quieres hablar? Todas estas preguntas son importantes para mí cuando quiero escribir una historia. Si quieres me puedes comentar y te doy mi opinión.

También, si quieres, te puedo reescribir algo un poco de cómo haría yo la cosas (dependiendo si quieres que esto sea una comedia romántica o una historia de vida, un drama o algún otro género)

Hola, Alex. Nuevamente te agradezco por tomarte el tiempo de leerme y darme tu punto de vista es muy agradable recibir un feedback.

En resumen, la historia trata de Adel, un joven que vive al día con su trabajo. Nos muestra un poco de ese mundo cuando él decide buscar un mejor puesto laboral y experimenta, por primera vez, lo que sería una postulación interna y la competencia dentro del equipo; por supuesto, con toques de comedia y estrés psicológico. Casi por accidente y despiste, llega a un lugar que podría decirse que es su “lugar tranquilo”, relacionado con el mundo del café. Allí Adel conoce a Lucía y llegan a tener un “primer chispazo”, ya que el estrés laboral hace que Adel sea muy despistado.

Respondiendo a tus preguntas:

  • Adel y Lucía son mis protagonistas, junto con personajes secundarios muy cercanos.
  • Sí tengo un final.
  • El conflicto también está claro: Adel entra en un terreno corporativo por un puesto mucho mejor. Personalmente, quiero demostrar, desde un lado cómico, cómo se puede sobrellevar.
  • Lucía, mediante sus palabras, explica las “formas del café”, la preparación y los detalles, mientras poco a poco observa cómo Adel frecuenta más la cafetería y nace algo mucho más allá de una relación profesional.

La historia es de tipo comedia romántica con slice of life, con un protagonista joven (menos de 30 años) que vive el día a día, con muchas referencias a la cultura popular real y a la narrativa tipo novela ligera japonesa.

Destaco que la historia lo esta contando el protagonista con estilo pasado narrativo.

Tengo por ahora 9 capitulos e incluso tiene imagenes.

Si te interesa puedes darle un vistazo: Aquel día, en una cafetería de estilo italiano, conseguí la paz que necesitaba. - Guteru - Wattpad

Ok, ya que nos presentamos seré brutal.

Hoy tengo algo de tiempo y le di otra pasad a tu escrito. Empecemos:
Tu inicio actual:

Las jornadas se volvían largas, las horas pasaban y se sentían como una eternidad. Me dedicaba a cuidar cada detalle, cada asunto, buscando la perfección en los resultados. No sabía que, al final de esa tarde y por puro accidente, llegaría a aquel lugar que me despertaría el alma.

Versión ajustada:

Las jornadas en la oficina se estaban volviendo eternas. Ese día, por ejemplo, había mirado el reloj tantas veces que comenzaba a sospechar que el tiempo avanzaba más lento solo para fastidiarme.

No sabía que, al final de esa tarde y por puro accidente, terminaría encontrando un lugar que me despertaría el alma.

Tu versión:

—Aguardamos la citación con ansias. No nos hagamos ilusiones: la disputa por el puesto será dura.

Versión más natural:

—Habrá que esperar la citación… pero no nos hagamos ilusiones. Ese puesto va a ser una guerra.

O incluso:

—Habrá que esperar la citación… pero ese puesto no va a ser fácil.

Tu final:

Salí del local y emprendí el camino a casa; sin embargo, mientras me alejaba, ya lo hacía con la firme determinación de volver.

Funciona, pero es muy directo. Puedes crear un gancho emocional.

Versión mejorada:

Salí del local y emprendí el camino a casa. Mientras me alejaba, miré una última vez el letrero iluminado de la cafetería.

No sabía muy bien por qué… pero tenía la sensación de que iba a volver.

Dime si quieres que siga con ayudas en el capítulo 2 o no.

A decir verdad, la historia no me ha enganchado. Nada personal, solo no es algo que leería en este momento.

Un saludo, y hagas lo que hagas, no dejes de escribir.

Hola, Alex. Me agradan mucho tus sugerencias y las valoro de verdad. No soy escritor ni profesional en esto; es algo que hice para ver hasta dónde podía llegar. Si quieres, puedes aplicar esos cambios en el capítulo.

Una duda: ¿por qué sientes que no te enganchó? ¿Es muy aburrido?

Saludos.

Hola Guteru,

De momento mis motivos son más personales. No tengo mucho tiempo, estoy escribiendo mis propias cosas así que estoy en un momento selectivo de escoger cosas más cercanas a mí y como escribo.

Estoy seguro que habrá alguien que sí se sienta identificado con tu estilo y lo que escribes. No te sientas mal que yo no lo haga en estos momentos.

Espero esto conteste tu pregunta.

Saludos.

Hola! Nuevamente, gracias por responderme. No te preocupes, solo necesitaba saber si había algún tipo de razón en especial por la obra; entiendo que el tiempo hoy, más que nunca, es valioso. Me gustaron bastante tus correcciones; si me permites colocarlas en mi obra, sería un honor.

Saludos.

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Es tu obra. Adelante.

Yo ni siquiera publico lo que escribo (al menos no lo hago mucho).

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Hice mi propia versión con tu permiso.
Capítulo 2: La chica del mostrador

Primer lunes después del Black Friday.
Un evento creado por el ser humano para comprar cosas que no necesita con dinero que tampoco tiene. Un éxito.

—Marcos, ¿cómo estuvo en los demás sitios?

—El volumen de ventas creció un 35 % —respondió Marcos con orgullo de estadística inútil—. Hemos vendido más cosas que nunca.

—Perfecto —dijo Adel—. ¿Y los problemas?

—También han crecido.

Nadie se sorprendió. Era lo esperado.

Yo trabajaba lunes y viernes. No por eficiencia, sino por estrategia. El lunes, para aparentar que empezaba la semana. El viernes, para no perderme el after office, que era donde realmente se tomaban las decisiones importantes: qué cerveza pedir y quién fingía irse pronto.

El calor ayudaba.
El calor siempre ayuda.
Sobre todo a justificar decisiones cuestionables.

Ese lunes salí de la oficina con la satisfacción de alguien que no ha hecho nada especialmente útil, pero tampoco nada especialmente grave. Lo mejor que paso en mi dia fue pincharme la mejilla con un palo que encontre en el suelo.

El sábado había sido perfecto.
Había cocinado pasta.
Con pollo.
Y vino blanco. Si es barato, mejor.

No recuerdo si estaba buena, pero sí recuerdo que parecía importante en ese momento. Como todo lo que no lo es.

Mi equipo ganó 4-0.
Un resultado justo. Siempre lo es cuando ganamos.

Cuando perdemos, en cambio, hay corrupción, conspiración y probablemente intervención internacional.

El eterno rival perdió.
Eso confirmó que el universo, dentro de su caos, aún respetaba ciertos principios básicos.

Esperaba un correo de recursos humanos.

No llegó.

Supuse que estaban ocupados analizando perfiles.
O ignorándolos con método.

Un coordinador de marketing analiza, mejora y ejecuta estrategias.

Yo, de momento, analizaba el vacío, mejoraba mis expectativas a la baja y ejecutaba la espera.

Y lo hacía bastante bien.

Hola, ¡muchas gracias por tomarte el tiempo de escribir! Me gustó mucho tu parte.
Quería preguntarte: ¿te parece interesante la historia?

Saludos.