¡Hola a todos! Quise compartir con ustedes el primer capítulo de mi obra; llevo seis terminados por el momento. Como autor novel, deseo que mis palabras llegaran finalmente a otros ojos. Se que para un principiante la inspiración es esquiva y la originalidad un reto, pero me convencí de que si no daba este paso, jamás conocería el resultado.
La historia se llama: Aquel día, en una cafetería de estilo italiano, conseguí la paz que necesitaba. Mi historia.
Les presento el capítulo 1:
Las jornadas se volvían largas, las horas pasaban y se sentían como una eternidad. Me dedicaba a cuidar cada detalle, cada asunto, buscando la perfección en los resultados. No sabía que, al final de esa tarde y por puro accidente, llegaría a aquel lugar que me despertaría el alma.
—¡Vaya día! Estoy agotado —solté un suspiro al aire.
Estaba terminando la jornada laboral. Empacaba mis cosas en la mochila, listo para salir por fin. Había sido un día muy extenso; hoy empezaba evento de ventas por el Black Friday.
Mi horario era de ocho de la mañana a cinco de la tarde, y venía a la oficina solo dos veces por semana, ya que me permitían trabajar desde casa el resto del tiempo. El home office se había vuelto común en esos días, lo cual agradecía profundamente, aunque eso no significaba que mi trabajo fuera más ligero debido a este evento.
Mi puesto estaba en el área de Marketing de una empresa de tecnología. Eran fabricantes de productos electrónicos de todo tipo, y mi equipo se encargaba de explorar el mercado, generar más confianza en los consumidores y consolidar la marca en un mundo donde la competencia tecnológica era feroz.
En eso, uno de mis compañeros me habla:
—¿Adel? ¿Recursos Humanos se comunicó contigo para la entrevista? —me preguntó Marcos.
Me llevaba bastante bien con él; era de esos compañeros que no dudarían en brindarte una mano, pero si tenía la oportunidad para burlarse, lo haría.
—No todavía. ¿Tú tampoco has recibido nada? —le respondí, tratando de que mi voz sonara casual.
—Aún no. Debería ser esta próxima semana, espero.
—Aguardamos la citación con ansias. No nos hagamos ilusiones: la disputa por el puesto será dura.
—¡Que gane el mejor! —dijo Marcos mientras me levantaba el pulgar sonriendo—. Por ahora tenemos que concentrarnos en la nueva jornada; nos espera una larga semana.
—Ni me lo recuerdes —solté un bostezo largo—. Ojalá no tengamos inconvenientes esta semana. Nos vemos el lunes, Marcos.
Decidí aplicar para la coordinación de mi área; me atraía la idea de una mejor paga, aunque sabía que eso implicaba mayores responsabilidades. Era un arma de doble filo: el éxito profesional frente a la pérdida de mi tranquilidad.
La empresa solía buscar candidatos internamente y siempre tomaba en cuenta a quienes ya conocían el área. El problema era que la oferta había salido hacía poco y tenía competencia; además de mí, otros tres colegas se habían postulado.
Uno de ellos era Julian quien, junto con Marcos, quizás eran los mejores candidatos para el puesto.
Tuve que actualizar mi CV de la mejor manera; quería que se viera atractivo a la vista. Confiaba en mi experiencia, ya que llevaba en la empresa casi cuatro años, pero el proceso seguía siendo intimidante.
Salí del edificio y me despedí del portero, quien se había vuelto un buen amigo para mí; siempre que tenía oportunidad, charlaba casualmente con él. Sin embargo, mis ánimos aquel día no me acompañaban.
Postularme me estaba causando un estrés innecesario; sabía que debía estar listo para dar lo mejor de mí cuando me contactaran… eso si es que llegaban a llamarme, por supuesto.
«Hoy empieza el Black Friday», pensé con pesadez. Después de una semana entera de preparación y de infinitas reuniones con todo el equipo para la planificación de la campaña, el cansancio finalmente me había pasado factura.
No paraba de bostezar, sintiendo que el cuerpo me pedía a gritos un descanso que el mundo corporativo no parecía dispuesto a darme.
—Eso fue agotador… —susurré para mis adentros mientras caminaba.
Estaba tan distraído en mis pensamientos que no me percaté de que caminaba en la dirección contraria. Habré avanzado unas dos cuadras, perdido en mis preocupaciones, hasta que me detuve por pura curiosidad ante una fachada de estilo europeo que desentonaba con el resto de la calle.
El letrero, elegante y acogedor, decía: “Un Amore al Caffè”.
—Mmm… ¿Una cafetería? —murmuré—. Creo que está escrito en italiano.
El lugar debía ser nuevo; no recordaba haber escuchado algún comentario de los compañeros de la empresa.
Las puertas eran de vidrio, lo que permitía ver su interior; el lugar era bastante bonito a simple vista. Sentí como si una mano invisible me atrajera con la invitación de pasar; no pude contenerme y puse mi mano en la puerta.
Lo primero que me recibió fue un dulce aroma; una fragancia intensa, pero deliciosa. Decían que para un verdadero amante del grano, solo ese olor bastaba para espabilarse; algunos, incluso, exageraban diciendo que los hacía sentir vigorosos.
El local estaba bastante concurrido y quedaban pocas mesas disponibles. Por suerte, logré encontrar una pequeña junto a una columna.
Había fila en el mostrador, así que preferí sentarme primero para asegurar mi lugar. Saqué el teléfono del bolsillo y revisé las notificaciones por si tenía alguna pendiente.
Me percaté del WiFi del lugar; sin embargo, estaba bloqueado. Supuse que para usarlo debería comprar algo.
Si hubiera tenido WiFi, habría usado mi laptop y habría buscado información para leer y prepararme mentalmente para la entrevista. Desde el teléfono podía hacerlo, pero la laptop me resultaba más cómoda.
No tenía ninguna notificación pendiente; miré el Google Calendar para las reuniones próximas, pero por el momento no estaba actualizado.
Luego de veinte minutos, la fila no daba tregua.
—Pero qué tonto soy, si no me levanto, nunca veré todo el menú.
El lugar comenzó a llenarse de forma gradual. Parecían ser personas que acababan de salir de sus oficinas y venían aquí a socializar. Otros, como mis compañeros, preferían irse de birras a algún bar. Los after office no estaban mal, pero solo de vez en cuando.
—Creo que mejor me voy, se está comenzando a abarrotar, aunque el aroma del café en este lugar es delicioso.
Estaba tentado de acercarme al mostrador, pero la muchedumbre me estaba descolocando un poco.
Recibí una notificación en el teléfono:
Sábado 4:00 de la tarde, partido de fútbol para la jornada número 14 de la liga europea. Transmite AllSports.Tv.
—¡Sí! Mañana hay partido de fútbol. Me distrae mucho ver a mi club. Tengo que preparar mi almuerzo temprano para disfrutar del juego.
Como vivía solo, debería haber estado pensando en qué cocinar al llegar a casa, pero el aroma del local me tenía hipnotizado. Era difícil tomar decisiones cuando el ambiente olía tan bien.
—Vendré el lunes luego de salir de la oficina. Está decidido —me lo prometí en voz baja.
Salí del local y emprendí el camino a casa; sin embargo, mientras me alejaba, ya lo hacía con la firme determinación de volver.
Este es el primer capítulo. Si llegaste hasta aquí, te agradezco mucho por leerme y por tu tiempo. Si te gusta, puedes conseguir los cinco capítulos restantes en Wattpad.
Agradezco mucho todas las críticas que me puedan sugerir.
¡Saludos!
Guteru.