Concepto - escrito breve

Buen día, es mi segundo texto por acá. Agradecería una opinión.

Concepto

Eres un concepto. No podría definirte de otra forma, llamarte; persona, ser o sentimiento no te reviste, no alcanza.

Incluso concepto queda corto, pero se aproxima, intenta lo suficiente.

Soy un enajenado, recibo algo y tengo que leerlo, descubrirlo y entenderlo.

Así llegaste a mí, como un concepto, de esos complejos y turbios, que más que interés producen desasosiego.

No al principio, no de vista, esa resultaba interesante, exótica y ácida

Pero al tratar de profundizar en tu concepto, dolías y lastimabas a puesta para ahuyentar a los nautas, cuando eso fallaba, tú huías, te escondías entre las etimologías y las raíces.

Yo por mi parte y aunque la vista era avasalladora, antes de verte, te oí, te escuché como un concepto contradictorio a mi idiosincrasia del momento. Así que me interesé, empecé a estudiarte, a leerte, al principio también vi las espinas y el veneno en tu definición superficial que el vox populi encontraba y rechazaba.

Pero yo, tan habituado al dolor no sentí miedo, sino aún más ganas de definir, habituado pero no gustoso de este, decidí no sumergirme en ti, sino estudiarte por fuera, alrededor, no interiorizarte sino mantener distancia.

No pude mantenerme así, de forma rápida me vi envuelto en tus amenazantes raíces y cubierto por tu intencionalmente intimidante espectro. Vi lo que otros en su falta de cognición definieron como horror, maldad y frialdad. Yo lo llamé diferente; respetable. Era consciente de mi libertad de seguir o no investigando, si me quedaba era mi decisión y las espinas eran bastante claras, entonces, ¿por qué lo juzgaría? Es lo que es y yo decidía si estar o no y decidí seguir leyendo y tratando de ver entre tu entramado.

Eso te asustó, atacaste y dos espinas se clavaron en mí, a destiempo y traición. Dolió, pensé en claudicar, pero la esperanza del concepto inefable me hizo seguir, buscar indulgencia donde la culpa fuera compartida, ese fue el primero de muchos errores en la búsqueda de tu línea etimológica.

Poco a poco cediste, empecé a poder ver de manera trémula tus aristas, primero una, luego pasamos de cientos a miles, amé cada una, la analicé y registré, volviendo tu concepto una definición, ayudándote a conocerte a ti misma, siempre que no doliera para ti, porque en mi entendimiento lo sabía, el dolor te haría huir, creí poder construirte sin ello, sin enfrentarte a ti contra tus propias espinas, otro error.

Fueron demasiadas noches, incontables intentos, vi estrellas caer y volver al cielo mientras buscaba una definición para ti, la encontré, te la presente y sonreíste, la aceptaste, arista a arista la tomaste como tuya.

Empezamos a disfrutar de tu concepto, en realidad, del que yo quise construir para ti, siempre se sintió disonancia, siempre sentí que algo faltaba, pero me negué a verlo, decidí adaptarte a mi definición, obligar a mi vista a encajarte en ese espacio qué construí y forcé a mi propia mente a ignorar todo lo distinto de ello.

Lo di por real, di por real mi definición a tu concepto, decidí creerlo y vivirlo.

Pero todo estaba construido con torres de cristal, mismas que tú me dejaste poner, sólo tú sabias tu verdadero significado, siempre supiste que mi definición estaba mal, que faltaba algo y me dejaste creer que no, eso, fue cruel, crueldad de manera pura.

Nada dura para siempre y de pronto un día, uno como cualquier otro, sin aviso o razón, cayó de mi frente la última arista, que siempre estuvo ahí pero no quise ver, sólo una entre miles pero la más importante, la que demostró quien eres tú y no quien yo construí. Tu verdadera definición.

Entonces hoy, cuando ya tengo tu versión completa, es cuando menos sé quien eres, viví con un fantasma, amé un engaño. Hoy tu concepto no me enoja, me entristece o me duele, en realidad me decepciona, me cansa y aleja.

Sé, después de más horas de las que puedo contar, cual es tu definición, la guardaré para mí, cavilando vivirla sin ti.