Experimento narrativo: convertir cuentos en canciones

Estoy haciendo un experimento que mezcla algo que vengo haciendo hace mucho —escribir cuentos— con una herramienta nueva que me permitió llevar esas historias a otro formato.

La idea nació de una pregunta bastante simple: ¿qué pasa si un cuento deja de ser solamente texto y parte de lo que quiere transmitir también pasa por la música?

En muchos casos tomé cuentos viejos míos, los reduje hasta quedarme con las escenas, ideas y emociones que me parecían esenciales, y después los reescribí con estructura de canción. A partir de ahí fui decidiendo cómo debía sonar cada historia: qué ritmo necesitaba, dónde tenía que cambiar la intensidad, cuándo una parte debía ser hablada, cuándo cantada, qué instrumentos podían reforzar una escena o qué género podía transmitir mejor determinado sentimiento.

Por eso el resultado es bastante caótico. No hay un género musical que una todo. Hay terror, humor, sátira, cosas tristes, absurdas, filosóficas, folklore, reggaetón, elementos teatrales y mezclas difíciles de clasificar. En algunos casos incluso una misma canción cambia de estilo porque la historia lo pide.

La inteligencia artificial entra principalmente en la última parte del proceso. La utilizo como herramienta para convertir en sonido algo que previamente intento definir con palabras: estructura, clima, ritmo, voces, pausas, instrumentación, intención. Después escucho el resultado, cambio letras, corrijo instrucciones, vuelvo a generar y repito hasta que siento que la música está contando lo que yo quería contar.

No me interesa demasiado discutir si determinada canción pertenece correctamente a un género, ni si técnicamente habría sido mejor hacerla de otra manera. Lo que estoy tratando de averiguar es otra cosa.

Quiero saber si funciona como forma de narrar.

Si alguien escucha una de estas canciones sin conocer el cuento original, ¿entiende la historia? ¿Le transmite algo? ¿La música ayuda a potenciar determinadas palabras o escenas? ¿Hace que una idea llegue con más fuerza de la que tendría únicamente escrita? ¿O, por el contrario, termina distrayendo del texto?

Con ese experimento terminé armando 21 cuento-canciones y las reuní en un canal bajo el concepto de Cuenti Cuentis Musicalis.

Me interesa especialmente la opinión de gente que escriba, lea o disfrute de la narrativa, porque mi duda principal no es si la música “suena bien”, sino si esta mezcla de relato, letra y música consigue transmitir una historia y una emoción.

Si alguien tiene ganas de escuchar una o dos y contarme qué le pasa con la experiencia, incluso si no le gusta, me serviría mucho. Lo que estoy buscando en este momento no es promoción sino entender si la idea funciona también fuera de mi propia cabeza.

Si a alguien le interesa probar el experimento, acá está la playlist completa con las 21 cuento-canciones: https://www.youtube.com/playlist?list=PLGoxStlDLooI. No hace falta escuchar todo; con una o dos alcanza. Me interesa especialmente saber si la historia se entiende, si la música ayuda a transmitirla y qué sensación les deja el resultado.