Hoy es tu cumpleaños, Ale.
Mi querido hermano de otra madre, una madre despreciable, que te dejo a tu propio caos sin dejar de darte guerra.
Fue tediosa nuestra convivencia desprevenida, sin aviso, sin ultimátum, desnuda, frágil, convencional y a las apuradas a las 3 de la mañana.
Cuando todo comenzó por un proyecto en mi casa, no te conocía, ni vos a mí. Pero me vi en la obligación de vivir con vos, compartir todo, darte mi lugar en la mesa, darte mis obligaciones que siempre me ganabas en hacerlas, no me dabas mi espacio en el único lugar donde lo debía de tener, mi propia casa.
Convivir con vos para salvarte, para ayudarte y hacer que tu vida sea mejor, darte otra oportunidad. Con tus capacidades mentales llegaras a cualquier lado, pensaba.
Y así fue, como meses después, saliste a flote, de nuestras manos, te dimos el apoyo y la contención para verte volar, en manos de tu padre.
A unas horas de distancia de nosotros te encuentras hoy, con casa, comida, trabajo y familia.
Lo que siempre tanto deseamos. La vida me dio un hermano, me enseño que era convivir todo el bendito tiempo con alguien de mi edad.
Hoy por fin cumplís 18 años. No sé si en algún momento te imaginaste que llegarías a este punto, con tu perspectiva de antes, pensabas lo peor.
Pero hoy, estamos y estoy orgulloso de poder verte enfocado y encaminado en un futuro que decidís solo vos, aunque el destino este escrito, vos podes siempre elegir otra decisión.
Te quiero, Ale.