Me gustaría que opinaran sobre mi mini novela

Está novela es una romántica y dramática, claro no está completa y planeo hacerla por volúmenes, ya tengo un primer volumen y a mí me convenció bastante, pero me gustaría tener la opinión de alguien, es mi primera novela y me hace bastante ilusión, estee no se cómo compartirla pero puedo darles una parte y si les gusta pueden verla completa en Wattpad con el nombre de “eZter”.

Flip

La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas y caía sobre el escritorio de Ester.

Llevaba varios minutos mirando el mismo sobre.

Era pequeño. Blanco. Nada especial.

Al menos, eso habría pensado cualquier otra persona.

Ester lo sostuvo entre ambas manos y volvió a leer mentalmente las palabras que había escrito la noche anterior. No necesitaba hacerlo. Se sabía cada una de memoria.

—¿Sigues con eso?

Ester dio un pequeño salto.

—¡Gabi!

Gabriela estaba apoyada contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados.

—Buenos días para ti también.

—No te escuché entrar.

—Ya me di cuenta.

Ester bajó rápidamente el sobre hasta esconderlo debajo de una almohada.

Gabriela levantó una ceja.

—¿Qué escondes?

—Nada.

—Tef.

—Nada.

—Ester.

—¡Que no es nada!

Gabriela soltó una pequeña risa.

—Entonces no te importará que lo vea.

Se acercó a la cama.

Ester tomó la almohada con ambas manos.

—No.

—Ah.

—¿Qué?

—Entonces sí es algo.

Ester infló ligeramente las mejillas.

—Eres insoportable.

—Y tú eres pésima mintiendo.

Gabriela se sentó en el borde de la cama. Ester permaneció inmóvil durante unos segundos antes de sacar lentamente el sobre.

—Es para Marty.

Gabriela dejó escapar un suspiro.

—Lo imaginé.

Ester miró el sobre.

—Hoy se lo voy a dar.

—¿Hoy?

Ester asintió.

—Hoy.

Gabriela observó cómo su hermana pasaba el pulgar por uno de los bordes del sobre.

—¿Estás segura?

—Sí.

La respuesta salió demasiado rápido.

Gabriela sonrió.

—Eso sonó bastante convincente.

—Lo estoy.

—Entonces, ¿por qué estás temblando?

Ester miró sus manos.

No se había dado cuenta.

—No estoy temblando.

Gabriela señaló sus dedos.

—Claro.

Ester escondió las manos debajo de sus piernas.

—Es que… estoy nerviosa.

—Eso ya lo sé.

—¿Y si me dice que no?

Gabriela tardó un momento en responder.

—Entonces te dirá que no.

Ester levantó la cabeza.

—Qué reconfortante eres.

—Me pediste honestidad.

—No recuerdo haberlo hecho.

Gabriela sonrió.

Después miró nuevamente la carta.

—¿Qué le escribiste?

—No te lo voy a decir.

—¿Por qué?

—Porque es privado.

—Soy tu hermana.

—Precisamente.

Gabriela soltó una carcajada.

Ester también sonrió, aunque la sonrisa desapareció poco después.

—Es que… —murmuró—. No quiero que piense que soy rara.

—¿Por qué pensaría eso?

Ester bajó la mirada.

—Porque quizá es demasiado.

—¿Demasiado qué?

—Todo.

Gabriela esperó.

Ester tomó aire.

—A veces pienso demasiado en él.

—Eso no es necesariamente malo.

—Sí lo es cuando pienso en cosas que ni siquiera han pasado.

Gabriela inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Como qué?

Ester guardó silencio.

—Tef.

—Nada.

—Ahora sí me dio curiosidad.

Ester comenzó a jugar con el borde del sobre.

—Pues…

Miró hacia su escritorio.

Allí estaba su diario.

Cerrado.

Gabriela siguió su mirada.

—No.

Ester se sonrojó.

—No sabes qué iba a decir.

—Te conozco.

—No lo sabes.

—¿Escribiste sobre él?

Ester no respondió.

—¿Poemas?

Silencio.

Gabriela abrió mucho los ojos.

—¿Poemas?

—¡Cállate!

Ester tomó una almohada y se la lanzó.

Gabriela la esquivó entre risas.

—¡Sabía que sí!

—¡No es gracioso!

—Un poco sí.

Ester cruzó los brazos.

—No tienes derecho a burlarte.

—No me estoy burlando.

Gabriela se acercó y le dio un pequeño golpe con el hombro.

—Solo quiero saber una cosa.

Ester la miró.

—¿Qué?

—¿Qué es lo que te gusta de él?

La respuesta apareció en su cabeza inmediatamente, pero decirla en voz alta le parecía demasiado vergonzoso.
Su sonrisa. Su voz. La manera en que camina…

La pregunta hizo que Ester se quedara quieta.

Por primera vez desde que Gabriela había entrado a la habitación, no respondió inmediatamente.

Miró el sobre.

Después sonrió.

—Todo.

Gabriela no dijo nada.

—Su forma de hablar… —continuó Ester—. Cuando se ríe. Cuando está con sus amigos. Incluso cuando está concentrado en algo.

—¿Has hablado mucho con él?

Ester parpadeó.

—Bueno…

—¿Cuánto?

—No mucho.

—¿Cuánto es no mucho?

—Unas veces.

—¿Unas?

—Sí.

Gabriela la miró fijamente agachando la cabeza.

—¿Cinco?

—No.

—¿Tres?

Ester desvió la mirada.

—Dos.

Gabriela abrió la boca, pero no dijo nada.

Ester se apresuró a defenderse.

—¡P-pero no fueron conversaciones cortas!

—¿De qué hablaron?

—De cosas.

—¿Qué cosas?

—Pues… de la universidad.

—Ajá.

—Y de una clase.

—Ajá.

—Y una vez me preguntó la hora.

Gabriela cerró los labios y miro a Ester con duda.

—Tef.

—¡¿Qué?!

—¿No crees que estás exagerado las cosas?, No creo que de verdad lo conozcas.

Ester dejó de sonreír.

La habitación quedó en silencio.

—No.

—¿Segura?

—Sí.

—Pero tú misma acabas de decir que apenas han hablado.

Ester apretó el sobre entre los dedos.

—No necesito conocer cada cosa de una persona para saber lo que siento.

—Eso es puede ser cierto.

Gabriela hizo una pausa y continúo.

—Pero sí necesitas conocerla para saber si realmente la quieres.

Ester bajó la mirada.

Aquella frase le había dolido más de lo que esperaba.

—Yo sí lo quiero.

Gabriela se suavizó.

—No estoy diciendo que no.

—Pero parece que sí.

—Estoy diciendo que quizá deberías conocerlo antes de imaginarte toda una vida con él.

En el momento llegó una imagen de el borrosa a su mente, tenía una silueta perfecta, pero no podía verle la cara.

Gabriela miró hacia el escritorio.

—¿Ya pensaste qué vas a hacer si acepta?

Ester levantó lentamente la cabeza y una pequeña sonrisa se alzo al rebotar las palabras de Gabriela a sus oídos.

—Sí.

—Por supuesto que sí.

—Tendríamos citas.

—Naturalmente.

—Después conocería a mis amigas.

—Ajá.

—Y yo conocería a las suyas.

—Claro.

—Y…

Ester se detuvo sonrojandose al mismo tiempo.

—¿Y?

—Nada.

Gabriela sonrió.

—Dilo.

—No.

—Tef.

Ester escondió la cara entre las manos.

—¡Algún día tendríamos una casa!

Gabriela comenzó a reír.

—¡No te rías!

—¡No puedo evitarlo!

—¡Y tendríamos un conejo!

—¿Otro?

—Flip necesitaría compañía.

—Pobre Flip.

Flip… Creo que le hace falta comida.

Estef también se comenzó a reír.

Por unos segundos, todo volvió a sentirse sencillo.

Como cuando eran niñas.

A su mente vino todo esto y sintió un alivio inmenso.

Pero Gabriela dejó de reír primero y observo a Ester mientras está seguía sonriendo.

Había algo distinto en su expresión.

Realmente sabia que era una ilusión demasiado grande para alguien que apenas había hablado con aquel muchacho.

—Tef.

—¿Sí?

—Solo prométeme algo.

Ester presto atención.

—¿Qué?

—Que, pase lo que pase hoy, no vas a pensar que un rechazo significa que hay algo malo en ti.

La sonrisa de Ester desapareció lentamente.

—No voy a pensar eso.

—Promételo.

Ester miró la carta.

Después asintió.

—Lo prometo.

Realmente no sabía que era lo que iba a hacer si el lo rechazaba, pero tenía esperanza.

Gabriela se levantó.

—Bien. Ahora cámbiate o llegaremos tarde.

—Ya estoy lista.

Gabriela la miró de arriba abajo.

—¿Con esa ropa?

Ester abrió los ojos

—¿Qué tiene?

—Nada.

Gabriela sonrió.

—Te ves bonita.

Ester se sonrojó.

—Gracias.

El estilo que ella eligió era uno de elegancia casual muy bien compuesta, una blusa de color blanco con cuello alto y una chaqueta color tierra más otros accesorios.

—Vamos.

Ester tomó la carta y la guardó cuidadosamente en el bolsillo de su chaqueta.

Antes de salir de la habitación, miró una última vez su diario.

—Espero que sea un buen día—susurto para si misma.

Después apagó la luz.

—…

El resto de la mañana pasó muy lento, demasiado lento, cada minuto parecían sesenta segundos.

Ester intentó concentrarse en las clases, pero cada cierto tiempo su mano descendía hasta el bolsillo de la chaqueta para comprobar que la carta seguía allí.

Al parecer si seguía.

Marty es muy buen tipo, Marty es muy popular, Marty es muy guapo, Marty es Marty, solía escuchar muchas cosas sobre Marty cada cierto tiempo.

Cuando finalmente llegó el recreo, Ester salió al pasillo junto a sus amigas.

Amanda hablaba de algo que había ocurrido durante la clase.

Alessandra, como siempre, aprovechaba cualquier oportunidad para molestarla.

—¿Y tú por qué estás tan roja?

—Tengo calor.

—Estamos bajo techo.

—Entonces… tengo frío.

Alessandra parece que quiere molestar más de lo común hoy.

—Eso no tiene ningún sentido.

Gabriela apareció detrás de ellas.

—Déjala.

—¿Tú también sabes?

Ester se quedó inmóvil, no podía dejar que supiera lo que intentaba hacer, porque probablemente sería mayor la molestia.

—¿Sabes qué? —preguntó Amanda.

—Nada —respondió Gabriela.

Alessandra entrecerró los ojos.

—Aquí hay algo raro.

Ester sintió que el rostro comenzaba a arderle y como consecuencia respondió:

—Tengo que irme.

—¿A dónde?

Ester señaló hacia el jardín.

—Por ahí.

Alessandra sonrió.

—Ah.

—No digas nada.

—No dije nada.

—Pero lo estás pensando.

—Muchísimo.

Ester negó con la cabeza y comenzó a caminar con resguardo como si una bomba cayera derrepente.

Cada paso parecía más pesado que el anterior.

Al llegar al jardín, lo vio.

Marty estaba de espaldas.

Ester se detuvo.

Por un instante, todo el ruido de la universidad pareció desaparecer.

Solo podía verlo a él.

Solo podía pensar en el.

“y si me rechaza”

Su mano descendió lentamente hasta el bolsillo de su chaqueta.

La carta seguía ahí.

Respiró profundamente.

Una vez.

Dos.

Tres.

Después comenzó a caminar hacia él.

—Yo…

La voz apenas salió.

Marty se giró.

Ester sintió que el corazón se le detenía.

—¿Sí?

Ella sacó la carta.

Sus dedos temblaban.

—Y-yo…

Tragó saliva.

Durante un segundo quiso salir corriendo, quiso regresar a casa, quiso esconderse bajo las cobijas con Flip y fingir que aquel día nunca había ocurrido.

Pero recordó lo que Gabriela le había dicho.

Pase lo que pase hoy…

Ester cerró los ojos.

—Me gustas.

Abrió los ojos.

Marty miró la carta.

Después la miró a ella.

Ester sintió que el mundo entero esperaba su respuesta.