Buenas tardes
Avanzando en esta aventura de la escritura he escrito este microrelato. Os agradecería vuestras mas sincera opinión, a veces explico mucho. Quizás así, está mejor.
Cuando era pequeña e iba a nacer mi hermana, me llevaron a dormir a casa de una amiga de mis padres.
Me acuerdo de mi padre llevándome a casa de esta amiga de mis padres, con una maleta pequeña.
Llegamos a la casa y me dijeron que yo tenía que dormir en una cama, de una habitación que yo no había visto nunca.
Solo me acuerdo de decir que yo no iba a dormir en esa cama, que iba a dormir en mi maleta, en la que me traía mi padre.
Tiempo después encontré una foto donde estábamos mi padre y yo.
Yo muy pequeña, y ponía algo así como: un día triste en el que mi madre y mi hermana casi se mueren.
Creo que le faltó poner que España perdió contra Alemania y, además, tuvo una niña.
Del nacimiento de mi hermana me acuerdo que mi abuela me llevó al parque.
Ese día me hizo un pis un niño en el parque y después me dieron cinco pesetas.
Mientras me bañaban y me frotaban por la noche, solo me acuerdo de decir que con esas cinco pesetas me iba a comprar un “pito” para “mear” a ese niño.
Cuando mi madre volvió del hospital, me había quedado a comer en casa de una vecina y, cuando me dijeron que mi madre estaba, salí corriendo calle abajo.
Cuando la vi, me paré en seco, tenía algo raro. No tenía barriga.
Y solo le dije:
—Tú no eres mi madre.
Ella me dijo:
—Sí, Olivia, soy tu madre.
Mi madre tenía barriga y tú no.
Ni siquiera la abracé, ni le di un beso.
Ella me miró desconcertada.
Luego me llevaron a mi casa y metieron a mi hermana en una cuna como plateada.
A mi casa venía gente de visita.
Mi abuela estaba allí y me fui con ella a la aldea.
Me quedé con mi abuela y mi abuelo durante un tiempo, no sé cuánto.
Solo me acuerdo de que dormía con ella y que, por las noches, me dedicaba a sacar pajitas de la pared.
En la pared había un agujerito que se fue haciendo más grande.
Hasta que me volvieron a llevar de vuelta.
Esta vez me llevó mi abuelo.
Me acuerdo de un tren muy pequeñito, de unos dos vagones, y durante el camino mi abuelo me iba contando historias, cuentos.
Creo que son estos momentos los que permanecen en nuestra memoria toda la vida: la maleta, las cinco pesetas, mi madre sin barriga, la cuna plateada, el tren pequeño y mi abuelo contándome cuentos.