IROBLEMÁTICA DE LA LIBERTAD
Fragmento de mi libro homónimo.
Eduardo N. Cordoví Hernández. Lawton, La Habana. Contacto: [email protected]
Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder para elegir nuestra respuesta.
En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad.
Víctor Frankl (1905-1997).
Psiquiatra judío sobreviviente de los campos de concentración nazis.
Su libro, El hombre en busca de sentido, está considerado por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, como uno de los diez libros más influyentes del siglo XX.
Los ciudadanos de cualquier país están formados por tres grupos a saber, los que apoyan al gobierno, los que no lo apoyan y los indiferentes y cada grupo tendrá ante los estímulos gubernamentales, respuestas diferentes.
Después de haber visto los tres grupos mayoritarios de ciudadanos a reaccionar ante un evento civil cualquiera, tenemos tres posibles elecciones ¡Así de simple! Adjetivarlas, ponerles color, aplaudir una y abuchear las demás, son otras elecciones acerca de tales elecciones; pero, en su esencia última, todas son decisiones que expresan el ejercicio de la libertad que se tiene y, por tanto, todas son reacciones diferentes, ante cierto estímulo ¡No más que eso! y tan respetables como otras cualesquiera. Que, usted, no lo acepte así, también constituye una libre elección de su parte. Las elecciones que tomamos no nos hacen ni mejores ni peores en el sentido más estricto.
Por otra parte, como es lógico, un gobierno tiránico, como cualquier otra entidad viva, lo único que hace es defenderse, aferrarse a la existencia y, en el rigor científico, ya biológico o jurídico, le asiste o al menos le acompaña un mínimo de razón a querer seguir viviendo; que sea eso egotismo, egocentrismo, aberración o injusto, son ya otros veinte pesos y tema para otro discurso. No defiendo ni promuevo gobiernos tiránicos, ni a sectores específicos de opinión; solo estoy elaborando algunas ideas, para explicarme al mundo en que vivo.
Puedo entender que tal entidad de poder deba ser cambiada, modificada, eliminada, etcétera, pero debo partir desde lo que es y no desde lo que debía ser, porque lo que es, existe, lo que debía; no. Y no es inteligente marchar hacia ese lugar, todavía ausente, de lo que debe ser con un proyecto imagen del anterior o algo más diferente, pero no suficientemente meditado o sujeto a la inspiración o la improvisación.
En el estado de cosas de un momento teórico representativo de la realidad, la existencia de un gobierno tiránico existe con una cierta autoridad, al menos se encuentra en ejercicio del poder y lo usa en propiedad del poder que ostenta, no valoramos en este juicio, si el hecho de esta realidad sea justo o no, ni significa asentimiento ni aceptación del hecho. Y, el hecho de, si el poder que sustenta lo ejerce o lo aplica en función de su seguridad como entidad jurídica, política o de simple poder, es algo que SIEMPRE debió haber sido previsto y nunca lo fue y, si lo estuvo, fue violado; y, si se obvió durante el proceso legislativo de la carta magna o constitución, primera ley o como se llame, es algo que es lugar común desde que los seres humanos de mayor fuerza, cantidad de dinero, más listos o lo que sea, se las arreglaron para gobernar, con imposición o no, a otros; algo que se pierde en la espesura de las lejanas edades. Por lo que, con tan larga experiencia como antecedente, poco espacio de confianza queda, para abrigar esperanzas de que una vez derrocado cualquier supuesto gobierno tiránico, sea instaurado otro que enrumbe hacia un destino diferente. Lo cual, en alguna medida, es lo que hace que aparezcan las personas que aplican para el segundo grupo.
Quiero hacer notar, hacer ver, comunicar unas reflexiones más sobre este tema.
Desde estos tres presupuestos, me parece que aquellas personas que ¡Por no comulgar con estas ideas! consideren que está bien referirse a las personas de este segundo grupo, en forma peyorativa aplicándoles calificativos, referencias o ideas definitorias de cobardes o creándoles una relación arbitraria de conexión con ideales pro tiránicos u otros giros semejantes, todo lo que hacen es intentar manipular o crear presión sobre las libres decisiones de los otros, algo que ya ¡En principio! se encuentra opuesto a las ideas que intentan defender. Esto es peligroso, porque lleva en sí el germen de la obstinación tiránica de creer que se tiene razón o que pueda existir alguna razón mejor que cualquier otra.
Muchas veces la forma de invocar la justicia con la óptima intención, se parece al crimen, y ¡hasta lo ejecuta! (Ha pasado más de una vez).
Así que, la máxima expresión de la libertad es el respeto por la forma en que ¡Cada quién! Decide cómo va a hacer ejercicio de la libertad de que dispone, siempre que no entre en contradicción o perjuicio con la libertad ajena, ya que, como dijera el benemérito de las Américas, el mexicano Benito Juárez…el respeto al derecho ajeno, es la paz.
Esto tiene una razón natural y súper lógica, tu libertad (Sí, la tuya, quien estás leyendo) no tuviste que conquistarla, nadie te la dio y nadie puede ni podrá quitártela, no tienes que morir por ella, solo tienes que vivir usándola porque ¡Naciste con ella! Y porque tu libertad es para que seas responsable ¡No para que estés contento! Ser libre es una carga a llevar, no un beneficio que se disfrute. Ser libre es mucho más complejo de lo que la mayoría piensa, y ¡En el mayor de los casos! la gente piensa que es mejor que otro piense por uno, para luego tener a quien culpar.
Un individuo libre es un individuo autosuficiente. Un individuo que sabe y reconoce que no sabe ¡Nada de nada! y que a cada momento elige, esto o lo otro, voy o no voy, y sabe que nunca sabe ¡qué rayos podrá pasar! Sabe que apenas tiene un cincuenta por ciento de posibilidades de que, las cosas, salgan como le convienen o como quisiera o le gustaría, pero ¡Así y todo! se arriesga y, si le sale mal, no se queja y, si no se arriesga, sabe que perdió la posibilidad de haber logrado algo, pero no sufre por eso. Esta es la fotografía ¡En pelotas! de una persona libre. Ser libre es una decisión personal, íntima y secreta, la libertad no te la tiene que dar ninguna persona y mucho menos un gobierno. Un gobierno a lo sumo lo más que puede hacer es crear más posibilidades de elección o restringir esas posibilidades. No perdamos de vista eso; morimos o peleamos por tener más opciones para usar la libertad que ya tenemos, no para ser libres ¡pues libres! ya somos, a menos que no lo hayamos decidido nosotros mismos solos, antes y siempre que no estemos atados, que constituye la única forma de no ser libre.
Hemos nacido en medio de lo que llamamos sociedad civilizada la cual nos inculca la idea de que todos somos iguales; sin embargo, vivimos en contrapunteo con una idea opuesta, ya que la civilización social reconoce la existencia de dos grandes grupos humanos: el de los Ganadores y el de los Perdedores, siendo el gran propósito del entorno de la vida social civilizada, luchar por ganar un puesto en el primero.
De tal manera, se ve bien afiliarse a subgrupos, religiones, asociaciones, sectas (no importa si son satánicas) clubes, lobbies o cualquier otra institución, ya sea paralela, registrada, privada o clandestina que nos una con personas dispuestas y empeñadas por las mismas causas.
Así, con esta bendición o herramienta cultural, entramos al juego usando la libertad con el paradigma de creer en los compromisos de lealtad, los juramentos, las iniciaciones, los ritos y de medir a los otros con la vara de la traición. Y, así, quien no piensa como nosotros, nos traiciona de alguna manera, mucho más, si alguna vez coincidimos en algo, jugamos pelota juntos o juntos gritamos ¡Gol! Viendo un partido de fútbol y ¡Más aún! si votamos por el mismo partido en las elecciones y después de todo eso ¡Un buen día! ya no le vas más al Barsa, pierdes tu afecto por la izquierda o ¡Por la derecha! o decides «salir del clóset».
Pero no queda en esto. Hay algo mucho más tétrico todavía; porque puede ser muy emotivo y hasta eufórico, andar por las calles gritando a voz en cuello ¡Viva la libertad! O simplemente ¡Libertad, libertad, libertad! Y que te quedes, sin conocer como es la historia completa.
La palabra libertad es una de esas palabras mágicas, como por ejemplo democracia, las cuales a todos los gobiernos les encanta atribuirse sus significados y ostentarlas en sus estandartes y acuñarlas en sus monedas. Pero ¡Déjame decirte! que apenas consientes o aceptes ser «un ciudadano», es decir, ser gobernado por un estado, esa preciada libertad natural, que más arriba he comentado, habrás dejado de disfrutarla; porque, en primer lugar, cuando le concedes al gobierno que te cuide, dejas de ser libre, porque debes cumplir la ley de defender la patria y engrosar las filas del ejército contigo y con tus hijos en edad militar, así que no eres tan libre ni estás tan seguro como piensas ¡No se trata de que no vayas a la guerra! Si quieres ir a una guerra ¡Perfecto! Pero que no sea porque haya una ley para eso, que no sea porque, si no vas ¡Vas a ir preso! Si eres libre de verdad, vas si quieres y si no quieres no vas y que no pase nada. ¡A ver, si nos acabamos de entender!
Porque ¡Mira! Con todo este asunto de la libertad hay mucho truco. Un gran truco para decirte que eres libres, sin que lo seas, porque te sentirás satisfecho y hasta agradecido de que te manipulen: es cuando eres libre pero no lo sabes, te hipnotizan, te duermen, te roban la voluntad y te llevan y traen con la historia de «un cuento chino» que nunca estuvo en Asia, ese cuento, es una historia que tiene varios nombres, uno de ellos es: «Defender la patria, los derechos o las conquistas que hemos alcanzado, los principios, el deber patriótico o una supuesta libertad» que te dicen que disfrutas o en nombre «del futuro de tus nietos»… cuando lo que en realidad defiendes es el bienestar y los intereses de algunas familias de banqueros de cierta religión o de cierto origen (Es un hecho, nada que ver con ideas anti sionistas) de magnates industriales, de las familias de las antiguas noblezas europeas, de altos jefes militares y jefes de estado a nivel global. Yendo al detalle en nuestros países del tercer mundo, se trataría de las cúpulas del poder político, en contubernio o no, con sus homólogos del primer mundo.
Recuerda ¡Siempre! que la guerra ¡Aparte de ser el negocio más lucrativo de la historia! Es un lugar al cual varios viejos (Quienes a veces se visitan y reúnen a menudo, para conversar) envían, para que se maten entre ellos, a miles de jóvenes que no se conocen entre sí; y ¡Todo! en nombre de la libertad y la justicia. (La idea es de un autor que no conozco).
Un tanto similar ocurre con tus propiedades o con tu dinero; un buen día vienen y te dicen que ahí, en el patio de tu casa, quieren hacer cualquier cosa, para el beneficio de la nación y te mudan para donde el diablo dio las tres voces y te quitan las comodidades que tenías, para complacer al estado, o a un grupo de personas que no tienen nada que ver contigo y que ni siquiera conoces, en fin. Son cosas que debes tener bien claras, porque ser libre no es tan ¡Tan! así como te imaginas; aunque el estado, el gobierno o el rey te digan o te creas, que gozas de libertad. Los ciudadanos sólo tienen libertad civil y política, no la inalienable libertad natural con la que todos nacen ¡Esa! los gobiernos no nos la quitan con sus leyes porque no pueden; pero, sí le ponen un precio por las nubes. No nos la quitan, ocurre algo peor, de lo que ni los mismos gobiernos tienen ya ni siquiera un recuerdo, pero eso lo comentaré en un próximo artículo, que titulo, El sueño de no ser libre.
Esos derechos inalienables fueron expuestos por primera vez por Thomas Jefferson en La Declaración de Independencia de los Estados Unidos del año 1776, pero no se contemplan en la Constitución de ése, ni en la de ningún otro país. Se trata de dos documentos diferentes, quizás esta sea una de las causas del asesinato de Lincoln, quien juró su presidencia sobre la Declaración de Independencia de Jefferson, la cual había quedado olvidada por los quince presidentes anteriores, incluyendo al propio Jefferson, que fue el segundo de ellos.
Es sencillo, ser libre no es hacer lo que se quiera. Es: poder hacer lo que es posible dentro de las circunstancias probables, posibles… Si tienes el pelo rubio y te gustaría tenerlo negro, aunque te apliques el mejor tinte del mundo mundial, solo lo tendrás negro por poco tiempo, pues siempre te seguirá creciendo rubio; la diferencia es que, en este caso, el riesgo a contravenir la realidad es de un resultado leve. ¡Señor! Entienda que las circunstancias probables, posibles… que constituyen la realidad del sistema de cosas en que vive el disidente del ejemplo, provocan que el resultado conseguido sea la norma; tal como en el caso de quien salte por la ventana de cualquier piso, se impacte contra el suelo, sin que nadie se sorprenda por eso; porque aunque pudiera ser divertido nadie puede salir volando por una ventana sin auxilio de medios adecuados, y si ¡Alguien se alarma! por semejante acontecimiento de chocar contra el piso, es porque es tonto o se hace el tonto debido a algo que se trae entre manos.
Cuando un gobierno tiránico, a su favor y conveniencia, legisla leyes que aseguran su permanencia; no limita la libertad de sus ciudadanos, solo le aumenta el precio a la libertad que continuarán teniendo, de ahí se comprende por qué Jean Paul Sartre, al inicio de su obra, La república del silencio, escribiera: Nunca fuimos más libres que bajo la ocupación alemana.
De modo que, cuando un disidente es detenido, perseguido, maltratado y/o preso por un gobierno tiránico opresor, y dice que por eso que: No es libre, lo que dice no es cierto, aunque no mienta conscientemente. Tan solo habla sobre la libertad, sin saber de qué se trata. Solo No sería libre, si se viera imposibilitada su manifestación; porque, como dijera el escritor mexicano, Premio Nobel de Literatura en el año 1990, Octavio Paz, La libertad es el instante mágico que media en la decisión de elegir entre dos monosílabos: sí y no. Y en este caso el disidente, eligió, y no acepta las consecuencias.
Veamos las posibilidades numeradas y analicémoslas una vez más y preguntémonos ¿Qué responderíamos a estas interrogantes finales? ¿Sí o No?
1.- Las personas valientes que se atreven a manifestar su descontento, desaprobación o no reconocimiento del derecho a gobernar de cualquier figura de poder dentro de un gobierno o del gobierno mismo ¿Tendrían derecho a disminuir, a abuchear, a ofender a quienes no lo hicieron?
2.- Las personas quienes, aun estando en desacuerdo con un gobierno tiránico, decidieran no manifestarse, no señalarse, no tomar partido, abstenerse, no participar ¿Son cobardes? ¿Pueden ser tratados de forma despectiva, como seres de segunda categoría? ¿Pueden ser desprovistos de las conquistas que, una vez derrocado un sistema opresor, pudieran disfrutarse?
3 y 4.- Las personas que, habiendo sido simpatizantes, emocionalmente proclives a una dictadura, que de alguna manera colaboraron, recibieron estímulos, facilidades y reconocimientos del estado por sus actividades de apoyo ¡Siempre que no condujeran a delitos o circunstancias de perjuicio para otras personas! Una vez derrocada tal dictadura ¿Se les puede tratar con hostilidad, maltrato, disminución de los derechos civiles y que ordinariamente cualquier ciudadano merece y/o disfruta?
Por regla general, sentimos, en cualquier caso, en todos los casos ¡En todos! no solo en este; que debemos responder ¡Siempre! sin ambigüedades, una de dos: Sí o No. Tal es el paradigma instalado por la cultura y la tradición a través de las instituciones de todo tipo, porque tal arquetipo se basa en el principio de la separación, de la exclusión, de la dualidad en que todo es diferente, y de acuerdo con este postulado las respuestas, para cada una de estas interrogantes, serían distintas; Sí, para unas y No, para otras. Sin embargo, y por extraño que parezca, un nuevo modelo se impondrá en el III milenio en que ya vivimos, es el arquetipo ecológico de la inclusión, de la relación y la interconexión, donde las respuestas, para cada una de estas preguntas, es la misma; en lugar de un (Sí) o un (No) por separado, será un (Sí y No) juntos, en la misma respuesta para todas… o casi todas, para no sonar drásticamente absolutos.
1.- Las personas valientes que se atrevieran a manifestar su descontento, desaprobación o no reconocimiento del derecho a gobernar de cualquier figura de poder dentro de un gobierno o del gobierno mismo; Sí, tendrían derecho a disminuir, a abuchear, a ofender a quienes no lo hicieron; por una razón sencilla: Son libres de hacerlo, nadie se los puede prohibir, porque es su derecho natural inalienable hacer lo que elijan libremente y, hacerlo, es algo que se encuentra dentro de las reales posibilidades probables de poder hacerse. No se trata de hacer una ley para impedir que lo hagan, porque si alguien deja de hacerlo por decreto, entonces no tiene gracia que la gente sea buena. El mérito está en que ¡A pesar de que puedas hacer daño! elijas no hacerlo; pero si elijes no hacerlo por miedo al castigo, quizás buscarías la manera de poder evadirlo. Además, no hacer daño por miedo al castigo puede ser un beneficio para alguien, pero ¿Qué mérito tendría quien se reprime?
Y, No tendrían derecho a disminuir, a abuchear, a ofender a quienes no lo hicieron, por otra razón sencilla: El reconocimiento de la libertad que tienen otras personas, para haber elegido otra cosa distinta a la que eligieron ellos, no les permitiría disminuir esa libertad, porque es exactamente lo que los otros hicieron respecto a ellos; los otros permitieron que ellos se manifestaran o al menos no lo impidieron, aunque hayan podido criticarlo. Pero la crítica con respeto, nunca ha ofendido a nadie.
2.- En el caso de las personas, quienes aun estando en desacuerdo con un gobierno tiránico, decidieran no manifestarse, no señalarse, no tomar partido, abstenerse, no participar ¿Son cobardes? El caso es bastante ambiguo, porque las personas pudieron no hacer todo lo que no hicieron ¡También! por muchas otras razones.
Supongamos como hipótesis que sí lo son, en tal caso tendríamos que preguntar ¿Y qué importa eso? ¿A quién le importa, si los demás son valientes o cobardes? ¿No será que alguien está necesitando el desempeño de los valientes y lo que molesta de la cobardía de otros es que no puede manipularlos? ¿No será que a veces hay que ser muy, muy valiente para ser cobarde? ¿Y si alguien elige ser cobarde, acaso no está ejerciendo su derecho de ser libre? ¿No será, ser cobarde: una rara forma de valentía? ¿Pueden ser tratados de forma despectiva, como seres de segunda categoría? Bueno yo contesto con otra pregunta ¿Alguien lo merece? ¿Pueden ser desprovistos de participar de las conquistas que, una vez derrocado un sistema opresor, pudieran disfrutarse? Y volvería a preguntar ¿Pero, acaso, no eran esas las características propias de la tiranía? ¿Es que acaso esta tiranía es menos repulsiva o más justa que la anterior? ¿Dejaría por eso de ser tiranía? Pero contestaré de todas formas a estas preguntas, solo que las contestaré en el siguiente párrafo donde comento el punto tres, ya que tiene la misma respuesta.
3.- Las personas que fueron simpatizantes, emocionalmente proclives a una dictadura ¿Se les puede tratar con hostilidad, maltrato, disminución de los derechos civiles que ordinariamente cualquier ciudadano merece y/o disfruta? ¿Pueden ser tratados así? Y la respuesta sería: ¡Pues claro que Sí! ¡Poder se puede! Si no se pudiera las personas no serían libres. Hay que terminar por comprender que lo que marca la diferencia, en todo momento es que es precisamente la putísima Libertad, la que nos da la oportunidad de ser responsables de elegir cuándo vamos a ser civilizados, inteligentes, fraternos, comprensivos, amistosos, pacíficos y cuando vamos a ser todo lo contrario. No estoy hablando de justicia. La justicia es una masturbación mental, ya que no existe más que en la cabeza de la gente que se cree muy inteligente. La justicia no existe en la Naturaleza. La justicia es una ilusión, igual que lo son las fronteras geográficas de las naciones o los conceptos morales: hoy son y están y mañana pueden dejar de serlo, pues no son más que ideas, palabras, puntos referenciales sin basamento sólido, son solo palabras escritas que hoy son justicia y mañana puede que no; recuerde a María Antonieta a los treinta y siete años de edad, un día fue: «reina de Francia» y ¡Unos días más! «mujer sin cabeza».
No significa que considere innecesarias las leyes ni la utilidad del concepto de justicia, pero tampoco más que eso.
Todo esto de tener o mantener cierta ojeriza con quien piensa diferente, con quien no coincide con nuestras opiniones o con quien habiendo estado alguna vez de acuerdo con nuestras ideas ¡Un buen día! deja de hacerlo, disiente o se cambia de bando; tiene que ver con nuestra creencia errónea de que somos iguales, cuando en realidad no lo somos. Creemos verdad, una mentira. Quien piensa distinto no es un enemigo, solo es otro que piensa diferente. Si creemos que la libertad es algo estupendo, y si ¡De verdad! queremos pensar que podamos ¡Ciertamente! ser todos iguales un poco en algo ¿Por qué no respetar que otro elija tener otra idea? El asunto, en realidad, parte del criterio egotista de querer que los demás se nos parezcan, porque decimos que amamos a la humanidad, y que somos amistosos, pero en verdad, no lo somos, lo que en realidad queremos, lo que amamos de veras en el otro es: ¡Al otro que en ellos! se nos parece o se nos pudiera parecer; y es así, porque ese otro, nos dará gusto, sería nuestro doble.
Ahora pregúntate: ¿Por qué alguien tendría que ser cómo tú o pensar cómo tú? Amar a alguien significa que quieras que sea libre, aunque su libertad no te incluyera, he ahí una definición más para el amor tanto como para la libertad. No encuentro una definición mejor, para explicar el amor que ésa que me llegó de los libros de Bucay. Si amas a los demás, para que te sirvan en plan de que seas feliz, te has convertido en un manipulador. Ahora piensa ¿Por qué otra persona tendría que ocuparse de hacerte feliz, siguiéndote en tu línea de pensamiento y acatar tus criterios? En lugar de hacerse feliz a sí misma, teniendo pensamientos y criterios propios. ¿Te parece justo eso? ¿No parece un tilín abusivo?
Amamos a nuestras ideas en los demás. ¡No! a ellos. El asunto de la civilización y el desarrollo moral, el asunto de la evolución y de la madurez emocional, el tema de si somos inteligentes o no es cuando nos vemos tal cual somos; cuando logramos ver que no somos tan buenos, ni tan nobles, ni tan justos, ni tan civilizados y morales como nos creemos. Todos tenemos un mundo sombrío, oscuro, en las tinieblas de una ignorancia subconsciente, grabada por el fuego emocional de las primeras impresiones de la niñez. Es el mundo que reúne toda nuestra problemática infantil irresuelta, todas las incongruencias y dudas de un ser de sesenta centímetros, desvalido y dependiente, en medio de un mundo hostil de gigantes que lo saben y pueden todo. Todos somos en alguna medida un niño que no terminó de crecer emocionalmente, pero que ahora tiene cuerpo de persona adulta y no quiere reconocerse débil, ingenuo, torpe e ignorante.
Nunca existirán ciudadanos justos ni realmente libres, si antes no existen personas individualmente maduras, individuos felices, personas que hayan hecho consciente la totalidad de su ser aceptando que tiene que seguir viviendo con sus instintos animales a los cuales su estado adulto, tiene que estar continuamente corrigiendo; y tiene también que seguir viviendo con el conocimiento de que es tan torpe y ruin como los demás, así como es tan digno de respeto como los otros. Esta es la esencia de lo que quiso decir Karl Jung cuando escribió estas ideas:
Pensar es difícil, es por eso que la mayoría de la gente prefiere juzgar.
Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad.
Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino.
La realidad del ciudadano medio en, vamos a decir: casi, cualquier país del planeta, pero mayoritariamente en los del tercer mundo, es la de exigir libertad de expresión, cuando ni siquiera usa su libertad de pensamiento; porque tiene libertad de pensamiento, pero es esclavo de sus hábitos, creencias, prejuicios (a los cuales llama con error sus opiniones, ya que son los paradigmas impuestos por la cultura, la tradición, etcétera) como patrones inmovilizantes de su conducta.
En cuanto a la libertad de expresión ya quedamos en que ¡Expresarse! Puede. Lo que tiene limitado es la amplitud y la calidad de la expresión; o sea, en cuanto a lo primero: puede escribir un libro, pero publicarlo le resultaría muy difícil y hasta imposible; puede hacer comentarios con sus amigos, pero no dar un discurso público en un parque y ¡Mucho menos! en la radio, etcétera. En cuanto a lo segundo: cantar loas a las figuras de poder en torno suyo, aunque no sea tampoco tarea fácil, quizás consiga abrirle paso dentro de un medio hostil beneficiado por tal reconocimiento.
Al final, la mayoría no quiere ser libre, porque serlo implica ser responsable. Para ser responsable hay que pensar, pero es más fácil juzgar que pensar. Es más cómodo tener a quien poder echarle las culpas. Ya lo dije, pero conviene repetirlo, porque se olvida.
Ser libre requiere que cualquiera –por embullo, moda, influencia de familiares o simple simpatía desprovista de juicio debido a falta de información, etcétera–, se afilie a cierta comunidad, secta, grupo, asociación, etcétera y, transcurrido cierto tiempo, considere, quiera, tenga a bien o por las razones que fueren decida causar baja, dejar de participar, con continuar o pasarse a otro movimiento, corriente, línea de pensamiento, orden, etcétera, no vea afectada la forma en que sus antiguos compañeros le reconocen.
Es decir que no se vea su nueva forma de pensar como una traición, ofensa o agravio, sino como un simple derecho de elección en ejercicio de su manifiesta libertad. Por supuesto, reitero, que antes –cuando hizo entrada en el primer grupo– debió existir una declaración sobre la posibilidad de cambio de planes, expectativas, conocimientos y sentido o necesidad de cambio. Más claro, no haber realizado ninguna atadura legal, de palabra, ni de ningún tipo en cuánto compromisos, juramentos ni ningún artificio manipulador que pudiera dar paso a juicios acerca de falta de honorabilidad u otra cuestión ética. De hecho, lo mejor sería establecer como acuerdo de todo tipo de sociedad, grupo, cofradía, congregación o comunidad formada por personas realmente libres que se reúnan dejando abierta la posibilidad de que no se considere deserción dejar de ser miembro o pasarse a otro bando, si acaso se sintiera más cómodo, motivado, etcétera. Porque esto es el ABC, el inicio de la aceptación y puesta en ejercicio de la real y verdadera Libertad