Refraneroman, el idolo local

Bueno este es el prologo de mi sexto libro, no tenia y ayer por la noche me vino la brillante idea a la mente, jaja.

Había una vez dos tíos bebiendo agua en la fuente cuando, de pronto, uno se cayó de cabeza dentro del caño.

Me acerqué, lo miré unos segundos y le tendí la mano.

Pero el malandrín me la rechazó diciendo:

—No necesito tu ayuda.

Aquellas palabras hirieron mi orgullo. Así que, dándole un empujón por detrás para que volviera a caer, exclamé con sabiduría:

—¡Hostias! Como dice el refrán: a palabras necias…a tomar por culo.

Me di la vuelta con mi elegancia natural y regresé por donde había venido, vigilando de reojo por si aquel desalmado intentaba alguna rufianería contra mí.

Ahora llega el momento de mi presentación.

Soy Refraneroman, el héroe con un refrán para cada situación.

Otra mañana, mientras yo escribía refranes, vi a un hombre intentando aparcar su carro de bueyes en un sitio donde la altura máxima no lo permitía. Llevaba veinte minutos en ello, y los bueyes miraban al frente con cara de no tener ganas de estar en este mundo. Uno incluso empezó a berrear.

Me acerqué con paso firme y le dije:

—Permítame, buen hombre. Soy Refraneroman.

El tipo me miró sin saber quién era. Yo, atónito ante mi falta de popularidad, le respondí:

—Como dice el refrán: buey viejo… a tomar por culo. Usted apártese, que yo lo aparco.

El hombre se apartó. Yo agarré las riendas con decisión y, en menos de tres minutos, el carro estaba perfectamente colocado… en el sitio menos apropiado.

El hombre me miró como si estuviera loco. Y yo, imperturbable, ajustándome la capa, le solté:

—Como dice el refrán: a burro muerto, que le den por culo.

Y me fui antes de que pudiera replicar.

Otro día, un viejecillo de veintiún años compraba patatas cuando se cayó de cabeza dentro de la caja de los tomates. Con mi habitual parsimonia, fui a prestarle ayuda. Cuando salió, estaba más rojo que los propios tomates.

Le dije con claridad:

—Como dice el refrán: mucho ruido y… A tomar por culo.

El hombre se enfadó. Yo me fui.

Para terminar este prólogo de la mejor manera posible: cierto día, mientras rapeaba en el pub de enfrente —porque, además de refranero, soy rapero en todas sus variedades—, una chica quiso darme un abrazo. Mi voz profunda la había emocionado.

Pero tuvo la mala suerte de tropezar con el escalón y caer de bruces al suelo.

La ayudé a levantarse y le dije:

—Como dice el refrán: de tal palo, tal astilla…

Y aquella fue la única vez en mi vida en que los nervios me traicionaron…

…y dije un refrán mal. Después de aquel error, me jubile y nunca mas se supo de mi. Ahí murió la leyenda de Refraneroman.

Perfecto para mi prologo. Jaja.

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jajaja me dio risa! Me gustó, solo espero que en el resto del libro no todos los refranes terminen en “a tomar por culo” porque se va a perder el chiste :sweat_smile: Pero Refraneroman me pareció un protagonista interesante.

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Gracias! Refraneroman ya no aparece más en todo el libro.
Ahora pondre otro fragmento de otro libro.

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Está fenomenal!! Muy ingenioso y divertido :smiley: