Buenas noches
Publico este relato que se titula La Deuda, si os gusta o no os gusta, agradezco vuestros comentarios.
Muchas gracias
La Deuda
Prologo
Sin darnos cuenta, repetimos los patrones que heredamos. La forma de comportarnos, de amar, de reaccionar. Aquello que más odiamos acaba habitándonos, y terminamos haciendo lo mismo que ellos.
Es asombroso cómo absorbemos lo vivido y lo reproducimos, como si las heridas pudieran viajar de generación en generación sin perder fuerza. Así se transmiten las cicatrices invisibles: las heridas transgeneracionales.
No somos conscientes de lo que hacemos. Si alguien nos mostrara el espejo de nuestras repeticiones, nos horrorizaría vernos. Tal vez acabaríamos odiándonos.
La Deuda
Cuando éramos pequeños, mi padre le pegaba a mi madre. Ella nos gritaba que saliéramos corriendo. Yo intentaba subirme a su espalda para detenerlo, pero me deslizaba por su traje mientras buscaba con los dientes la tela de la chaqueta, como si mi cuerpo pequeño pudiera hacer algo, como si no fuera más que un insecto contra él.
No entendía nada. ¿Cómo podía una de las personas que más quería golpear a mi madre? ¿Qué había hecho ella para merecer aquello?
Mi madre sabía cuándo llegaba la siguiente paliza. Entonces nos mandaba a casa de la vecina, quizá para protegernos, quizá para que no viéramos lo que ya sabíamos. Nadie intervenía. Se decía que un marido tenía derecho a corregir a su mujer, que ella debía obediencia.
Recuerdo cuando empezó a dormir con nosotros. Ponía una silla contra la puerta por si él entraba. Vivíamos en alerta, como si la casa entera respirara miedo. Yo no me sentía seguro en ningún rincón.
Un día nos fuimos. Un primo nos ayudó. Mi madre tuvo que esperar a que un juez le diera permiso para abandonar la casa, porque de lo contrario la culpable sería ella. Aun así, lo hizo. Cruzó la frontera del miedo y nos llevó con ella, aunque eso significara humillación y juicio.
Mi madre fue mi salvadora. Le debo la vida. Le debo haber tenido el valor de sacarnos de aquel infierno.
Nos instalamos en casa de mis abuelos. Ella no tenía trabajo; solo se llevó un coche para poder moverse. Mi padre volvió varias veces al pueblo, y cada vez que venía nos escondíamos. El miedo seguía siendo un reflejo.
Recuerdo que una vez tuve que irme con él. Supongo que estaban tramitando el divorcio. Yo no quería, pero mi madre me dijo que debía hacerlo. Me regaló un camión de juguete, espectacular. Para mí fue un regalo envenenado. No lo quería. No quería que intentara comprarme.
Los indignos
Empecé a vivir en el pueblo con mis abuelos, e iba al colegio que estaba en otro pueblo. Mi madre empezó a trabajar limpiando casas; nos había sacado de aquel infierno.
Las vecinas de mi abuela eran unas cotillas, y el divorcio de mi madre era una vergüenza para la familia.
Cuando venía mi tía de Harborfield, mi madre tenía que ayudar a mi abuela a dejar la casa impoluta, porque llegaba su hija favorita de vacaciones. Sé que aquello le repateaba el estómago. No lo decía, pero yo lo veía en su cara.
En mi casa no se hablaban las cosas. Todo se guardaba debajo de la alfombra. Lo importante era tener buena cara, aparentar que todo estaba bien, como si no pasara nada. Lo importante era cómo nos veían los demás, no cómo nos sentíamos. Así me lo hacía saber mi madre cuando decía: “No se llora”, “No es para tanto”.
Creo que mi madre estaba harta de aguantar a mi tía cada verano.
Al cabo de unos años, consiguió un trabajo de conserje en el colegio donde yo estudiaba, y nos fuimos a vivir allí, a una casa solo para nosotros. Los veranos en Hushvalley empecé a ir yo solo; mi madre se quedaba en Meadowford porque no quería ser la criada de la casa cuando venía mi tía Frida con sus cinco hijos.
Recuerdo que una vez, cuando venía mi tía Frida, mi abuela me dio unas sábanas y me dijo que cambiara la cama porque yo me tenía que ir a Meadowford. Aquello me dolió como nunca. Me estaban echando. Estuve dos semanas sin hablarle.
Secundaria
Cuando me hice mayor, tuve que irme a secundaria a Northvale. El primer año lo pasé fatal: había unos chicos repetidores que, al pasar, me daban patadas a la mochila. Yo me sentía como un tonto. En mi casa no podía contar nada. Ese año las notas fueron horribles y tuve que repetir.
Así que, al año siguiente, me uní a ellos y dejé de sentirme tan mal.
Pude contar que había sufrido bullying a los cincuenta años, en una cena con mi madre y mi hermana. Ellas me miraron en silencio y no dijeron nada. Yo lo había superado: ahora era más fuerte, y nadie podía hacerme daño. Yo ya era otro.
Recuerdo lo mal que lo pasé en aquella época. Me sentía como un pelele, como un fracasado. Pero ahora todo era diferente: era mayor, trabajaba en una gran empresa de prestigio, con un cargo alto y un buen salario. He triunfado.
Mi Mujer
No como mi mujer, que después de sacarse una carrera complicadísima —un curso por año, sin fallar ninguno— trabaja en una empresa mediocre, ganando mucho menos que yo. Y eso que empezó en una empresa americana de prestigio, pero lo fastidió. Tiene muchos traumas de pequeña. Su madre tenía depresiones y su padre es un calzonazos.
Yo he tenido una suerte infinita con mi madre. Es una guerrera, no se le pone nada por delante. La admiro profundamente.
Mi mujer me echa en cara, alguna vez, que gracias a ella —que vino antes que yo a trabajar a Eastborough— pudimos comprar el piso, porque ella puso la entrada. Y que me ayudó a encontrar trabajo en una buena empresa. Que si no fuera por el sueldazo que tengo ahora, no podríamos vivir donde vivimos.
Pero gracias a mi madre, que lo ha hecho todo por mí, estoy donde estoy. Si no fuera por ella, nunca habría llegado a triunfar, aun siendo mal estudiante.
La crisis de mi mujer
Desde hace un tiempo, mi mujer está insoportable. Un día se fue a urgencias porque “no se encontraba bien”, y el médico le dijo que tenía ansiedad. Y todo porque le dije que mi hermana iba a venir a pasar el fin de semana. Así que me ha tocado decirle a mi hermana que no venga. Qué vergüenza si se pone a llorar o me monta el número. Mejor dejarlo.
A ver si mi mujer va a haber heredado de su madre la depresión y lo mal que estaba. La verdad, no me extrañaría: con esa madre que tuvo, y un padre que es un cagado, es normal que tenga tantos traumas.
Encima ahora la ha cogido con mi madre y con mi hermana. Dice que cuando vienen le invaden la casa. Mi madre, que es una santa y no se mete en nada.
Mi mujer me dice que cuando voy a Hushvalley me paso el día haciendo chapuzas para mi madre. A ver, mi madre vive sola, la pobre mujer, no tiene a nadie que le haga estas cosas. Y yo se lo debo todo a mi madre, ¿cómo no voy a hacerlo? Además, ya estoy con mi mujer todo el año; que me dedique más intensamente a mi madre en verano es lo normal. La mujer está todo el año sola.
En plena crisis me ha pedido el divorcio. Al final no lo hemos hecho, pero quizá sería lo mejor, porque me persigue, me agobia, es una pesada. Ojalá fuera como Grace, que además de estar buenísima es dulce, cariñosa… Me encanta estar con ella en el pueblo.
Mi mujer ya no está tan bien. Se está haciendo mayor y, además, es una pesada: que si no le hago caso, que si solo me importan mi madre y mi hermana… Es una celosa. Cada vez la aguanto menos.
El accidente de mi suegro
Mi suegro ha tenido un accidente de autobús, se ha roto un montón de costillas y ha tenido una hemorragia interna. Yo pensaba que se moría. Ha sido muy grave, y hemos pasado una Semana Santa complicadísima. Mandé a los niños con mi madre y, cuando se acabaron las vacaciones, los recogí y nos fuimos a Eastborough a trabajar. Mi mujer se quedó con su padre, porque seguía ingresado y la dejaron teletrabajar.
Cuando nos despedimos de ella, se puso a llorar. La verdad es que está insoportable. Por lo menos su padre no se ha muerto. Ahora le toca recuperarse y esperar.
Bueno, por lo menos vamos a estar más tranquilos sin ella, porque últimamente no hace más que montarme pollos y perseguirme. Ya lo dijo la psicóloga de la terapia de pareja: que ella me agobiaba y yo me escapaba, y así empezábamos otra vez nuestro círculo vicioso.
Cuando le dieron el alta a mi suegro, vino a nuestra casa. Encima de mi mujer insoportable, él también lo está: dice que se ahoga y se pasan el día yendo a urgencias. Mi mujer lo está haciendo fatal. Yo pensaba que era un poco más adulta, pero lo está gestionando fatal.
Cuando iba a ser el cumpleaños de mi madre, ingresaron a mi suegro otra vez, un día. Y mi mujer se plantó en la habitación llorando, pidiéndome que no nos fuéramos al cumpleaños de mi madre. Es una manipuladora. No me lo puedo creer. Me estaba montando el número. Yo tengo que ir al cumpleaños de mi madre, a la mujer a la que le debo todo en mi vida. ¿Qué se habrá creído ella? Su padre ya está controlado.
La verdad es que me lo están poniendo muy difícil los dos. Un día encontré a mi mujer gritando en el baño. ¿Qué van a pensar los vecinos? Que se ha vuelto loca. Qué vergüenza. Yo nunca pensé que esta mujer iba a acabar así, con lo pija y mona que era.
Al final me fui al cumpleaños de mi madre. Además, teníamos una comunión en casa de Grace. Qué guapa estaba y qué dulce es. Ha sido un fin de semana maravilloso. He podido descansar de mi mujer y de mi suegro. Son los dos unos pesados.
Cuando volvimos, casi no me hablaba. Menuda manipuladora.
Me voy a volver a ir a Hushvalley a descansar otros dos fines de semana, porque estar en mi casa es insoportable. Le planteé a mi mujer que quería irme un fin de semana a la playa con los niños y que ella se quedara con su padre, y me pidió que no fuera. No lo entiendo. Luego que se vaya ella unos días con los niños.
Hushvalley
Este verano vamos a estar todo el mes de agosto en Hushvalley. Mi mujer me lo debe, después de que su padre haya estado con nosotros cuatro meses. Yo tengo que estar con mi madre, y los niños también. Ella que vaya y venga a casa de su padre. Me ha planteado que los niños vayan a verlo. ¿Cómo se le ocurre, si han estado cuatro meses con él día y noche? Es una egoísta, no sé cómo puede plantear esto.
Ha dejado a su padre en su casa y ha venido a Hushvalley. Está insoportable. Nada más llegar me pilló hablando con Grace y me montó el pollo. Me dijo que quería hablar conmigo. Nos fuimos a dar un paseo y le dije que me estaba amargando el verano, que si había visto a otras parejas así. Qué vergüenza. ¿Qué se cree? Después de haber estado aguantando a su padre cuatro meses en nuestra casa, ahora viene a fastidiarme el verano.
El jueves vamos a ir al río, que me encanta, con la familia de Grace. Estoy emocionado. Lo preparamos todo con mi hermana y mi madre. Nos lo vamos a pasar genial.
Cuando llegamos, me siento al lado de Grace, no lo puedo evitar. Enseguida mi mujer empieza a hacer gestos. Ya me va a fastidiar el día. Me da igual lo que haga, me tiene harto. Es una pesada. No me deja divertirme en Hushvalley después de todo lo que he hecho por ella y por su padre.
El resto del día la ignoro. Ella se mete en el río y se queda sola. Ya está haciendo el raro, como siempre.
Cuando volvemos a Hushvalley, empezamos a discutir en la habitación. Le digo que me está amargando las vacaciones y ella me dice que se quiere ir. Qué vergüenza. Encima me va a montar el pollo, la muy tonta. Le digo que lo haga por nuestros hijos, que qué va a pensar la gente del pueblo. Que si no fuera por eso, mejor que se fuera.
Seguimos discutiendo y me llama mi hermana porque hay una barbacoa en el pueblo. Ya no tengo ganas de seguir, así que me voy con mi hermana. Vaya carga que tengo con mi mujer. No hay quien la aguante.
A la mañana siguiente se levanta y me dice que se va. Se pone a hacer la maleta. No me lo puedo creer. Ya lo que faltaba para fastidiarme el verano. Por otra parte, si se va, casi mejor. Así puedo descansar tranquilo con mi madre y mi hermana. Cuando termina la maleta, abre la puerta y se va. Yo voy detrás de ella y, de repente, se gira y me dice que me vaya. Veo a lo lejos cómo se va su coche.
Me siento más tranquilo. Ahora sí que van a ser unas vacaciones de verdad. Me quedo con mis hijos en el pueblo. Con mi madre, con mi hermana y sus hijos. Con mi familia.
El verano
Me he quedado con mi madre y mi hermana, en Hushvalley pero esta tarde después de que se fuera mi mujer, siento ansiedad, y la llamó. Ella no quiere hablar conmigo.
No sé porque siento esta ansiedad, se ha ido y ya puedo descansar. Me siento mal, raro.
Hay una fiesta de los que nacieron a la vez que yo, y me he apuntado, y voy. Me lo he pasado muy bien. La gente se ha alegrado de que ya por fin, me vuelva a integrar en el pueblo. Mi mujer no me dejaba hacer nada, y además ella no se integra. Siempre que me pongo a hablar con alguno de ellos, ella da un paso para atrás.
No me extraña que se lo pase mal, si nunca ha querido integrarse es como que nos mira por encima del hombro, que se habrá creído ella. Si es una fracasada, después de haber estudiado y haber sacado tan buenas notas, como ha podido estropear su vida laboral así.
Ella se queja de que me paso el día haciendo chapuzas para mi madre, y que no le hago caso en Hushvalley. Es que no tiene comprensión, es la persona mas egoista que conozco, solo piensa en ella. Y eso que le facilito la vida un montón, la dejo ir a pilates, al gimnasio. Y va al psicólogo, que se está gastando un dineral, pero así me deja en paz.
Parece que la tiene tomada conmigo, por lo menos este verano voy a descansar. Como le dije una vez a mi mujer cuando me montaba el pollo, yo solo quiero ser feliz con mi familia y este verano, lo voy a conseguir, va a ser el mejor verano de mi vida.
Gracias por leerme.
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