Capítulo 2 - La herencia
I. La visita
Se presentó sin cita previa. Era un martes a última hora, casi todo el
personal se había ido a casa. Solo estaban encendidas las luces del
pasillo principal y la de algún despacho todavía ocupado.
Marta tardó en reaccionar, su mirada alternaba entre la tarjeta de
cartulina gruesa, de esas que ya casi nadie usa y, la persona que con
una cortesía medida pedía ver a Nicolás.
— Herr Fenner— El hombre tendió la mano a Nicolás cuando este salió
a recibirle. Su apretón era correcto, ni fuerte ni flojo. — Disculpe
la falta de aviso previo. El asunto que me trae no admitía antelación.
Su pulcritud resultaba en cierto sentido incómoda: traje gris
corporativo sin una arruga, gafas de montura fina y una carpeta de piel
de buena calidad. No miraba a Nicolás fijamente, sólo cuando la frase lo
exigía, como si no quisiera deslizar un detalle que no fuera los
autorizados a dar.
Se sentaron en la sala pequeña, la de las consultas breves. Fenner con
un gesto educado rechazó el café que le ofrecían.
— Represento a un bufete de Zurich. — abrió la carpeta sin prisa —
actuamos como administradores de un fideicomiso. Y tengo que comunicarle
una noticia que le va a resultar… — hizo una pausa, como buscando la
palabra — difícil.
— Adelante — Nicolás se creía preparado para cualquier noticia, años
de clientes y casos le habían curado de espanto.
— Su madre ha fallecido — Fenner hizo una pausa y miró directamente
a los ojos de Nicolás — hace once días.
Nicolás no decía nada, miró a Fener ladeando la cabeza y se inclinó
hacia adelante. — Mi madre falleció hace casi treinta años — dijo
despacio, afirmando con sus manos ligeramente abiertas — en un
accidente en la zona de los grandes lagos africanos. Yo tenía ocho años.
Fenet no apartó la mirada esta vez, permaneció firme en su postura —
Lo sé, ese es exactamente el motivo de mi visita, no estoy autorizado a
entrar en los detalles de lo que ocurrió entonces, de hecho no he sido
informado al respecto y los desconozco.
II. Lo que Fenner podía decir, y lo que no
Retomando su ritmo de profesional implacable prosiguió — Mi mandato se
limita a la administración del fideicomiso y a la entrega de lo que
corresponde por disposición testamentaria.
— Está usted diciéndome que mi madre ha estado viva todo este tiempo
— Nicolás no formulaba una pregunta, miraba a Fener con una sombra de
duda en su rostro.
— Sólo estoy diciéndole que ha fallecido hace once días — Fenner
parecía elegir cada palabra con una precisión quirúrgica y muy
profesional — lo demás,insisto,no me corresponde a mi. Solo puedo
decirle que vengo a darle los requisitos necesarios para que usted pueda
acceder a un archivo. Qué contiene o qué debe hacer usted con él me es
del todo desconocido.
Sacó tres objetos de la carpeta, uno a uno, depositándolos de una forma
casi ceremonial en la mesa: un dispositivo metálico, semejante a una
llave USB, un sobre lacrado de papel grueso y una tarjeta simple, solo
contenía una dirección de Zurich.
— El token, imprescindible para el acceso físico — dijo señalando al
dispositivo — el sobre contiene una clave, memorícela y destruya el
soporte de inmediato. Por favor no cometa el error de anotarla en otro
sitio. La dirección es en donde deberá acreditar su identidad en un
plazo no superior a 60 días.
— ¿Con eso bastará?
Fenner dudo un momento — Le exigirán pasar un escáner del iris. Es una
comprobación biométrica habitual en estos casos.
Nicolás elevó las cejas y abrió las manos — Pero… Yo no tengo ningún
registro biométrico, ni en Suiza ni en ningún sitio.
Fenner cerró la carpeta lentamente y se levantó — Eso señor Ferrer
tampoco me corresponde a mí explicarlo.
Con un correcto apretón de manos abandonó la sala. Nicolás permaneció un
rato observando los objetos de la mesa.
III. Manel, en el pasillo
Así lo encontró todavía Manel, sentado mirando el token y el sobre.
—¿ Todo bien? — preguntó, apoyado en el marco de la puerta, pero sin
su tono bromista habitual — cuando me iba, Marta me ha comentado que
has tenido una visita rara. Un suizo con ademanes de notario de libro.
— Un tema de un antiguo cliente — Nicolás espantó la idea con la
mano — Nada importante — Con gesto descuidado guardó el token y el
sobre en el bolsillo.
Manel, aunque no dijo nada, mantuvo su mirada en él unos segundos de
más.
— Vale — dijo con un tono demasiado seco. Se dio media vuelta y se
dirigió a la salida.
IV. El piso de Juliette, esa misma noche
Juliette abrió la puerta con el pelo todavía húmedo y en albornoz, y en
menos de dos segundos advirtió que algo no andaba bien. Fue la forma en
que entró, directo al sofá, con el token y el sobre en la mano.
— Necesito que veas esto — dijo — y necesito que me digas si puede
ser una estafa muy elaborada o no.
Juliette cogió el token, lo palpó con la meticulosidad propia de su
oficio, lo examinó al detalle.
— Esto no es una llave USB — dijo tras unos segundos — es un token
criptográfico. Es un dispositivo caro e inusual. Se usa en entornos de
acceso muy seguro: bancos, corporaciones,… — levantó la vista —
cuéntamelo todo, y desde el principio.
Nicolás se lo contó sin dejar detalle. Ella escuchó sin interrumpir,
concentrada, sin preguntar hasta la parte del escáner biométrico.
— ¿Y no se te ocurre cómo pueden tener tu escáner del iris?
— Ni idea, de verdad. Me preocupa que no pueda acceder al legado de mi
madre por ello.
Juliette miraba al token, pasados unos minutos dijo por fin — Esto no
es improvisación, Nicolás. Esto es serio. Token, contraseñas seguramente
rotativas, biométrica, entrega en persona con plazo… Esto no está al
alcance de cualquiera.
—¿Pero quién?
— Eso es lo preocupante — bajó la voz a ese tono muy suyo de
preocupación real — No puede ser alguien como la que siempre me
describiste a tu madre
V. La decisión
Permanecieron en silencio, cada uno con su mente ocupada en un aspecto
de la situación.
“¿Estuvo viva todo este tiempo, y nadie me lo dijo?” Nicolás no podía
salir de la implicación de esa pregunta.
Juliette por otra parte pensaba, profesionalmente, en que el sistema
parecía diseñado para detectar su acceso.¿con qué fin y quién lo diseñó?
— Voy a ir — Nicolás rompió el silencio — no puedo fingir que no
me importa. Con explicación o sin ella he de ir.
— No pensaba oponerme — Juliette estaba calmada — pero no dudes de
que iré contigo.
Nicolás no dijo nada, se limitó a coger su mano. Ambos observaban el
token. Ese objeto pequeño y silencioso que amenazaba con cambiar sus
vidas.
Me gustaria saber si mantiene el ritmo con el primer capitulo que ya os pase