Te odio, pero aún así te quiero

Me gana la nostalgia cada día, y me gano hoy, te extraño por haberte considerado mi hermano, y me tenés escribiendo constantemente por este formato solo porque me haces falta.

Pero no hecho de menos tu actitud que me hizo odiarte y menospreciarte, sino, tú verdadero tu, el cariñoso, el amiguero, el alegre, el feliz y el enamorado de nuestra amistad que siempre publicaba algo hermoso con respecto a nuestros momentos vividos uno junto al otro…

Me parte verte actuar tan normal, mandándome cosas referentes a nuestra amistad, de lo leal que sos, que darías todo y más por mi. Cuando fuiste vos, sí, fuiste vos, quién desencadeno este desastre…

Te odio, pero te quiero más de lo que te odio.

Algunas tildes fueron omitidas en la creación de este escrito, jajajaja. Y creo que “Pero no echo de menos”

Me parece honesto.

Es un tipo de dolor que es único. Se siente personal cuando estás herido y las cosas que antes eran comunes, ahora duelen.

Mi pregunta es: ¿ficción o realidad?

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Jaja lo siento, sigo aprendiendo.

Respondiendo a tu pregunta: realidad, la dulce y cruel realidad…

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Concuerdo con Ohm, falta revisar la ortografía, pero eso es subsanable si existe el verdadero deseo de mejorar. Falta de tildes, aglutinación de comas, letras demás, elecciones extrañas como “tú verdadero tu” (tu verdadero tú, pero aun así es extraño. Podría decirse de una mejor manera), ideas inconclusas “me parte…” (¿Qué?) para adecuar modismos, y algo importante que muchos olvidan (yo lo hacía mucho) colocar al lector en el lugar, crear el ambiente y, solo entonces, desarrollar la escena usando el entorno para un buen impacto. Tal como está es solo una voz hablando. (Si hubieras agregado más detalles visuales y/o sensoriales sería más orgánico)
Como dije tus fallas son subsanables. Es solo cuestión de mejorar con el tiempo. Nada de qué preocuparse. Es lo normal. Ánimo. No dejes de escribir, y aprender.
Saludos.

Nos compartirás algo más? Quieres que comparta yo algo mío?

Aquí va:

Sutil
Las ventanas de su alma iluminan mi piel como si se tratara de dos faros. Mi barco a la deriva divisa su luz incandescente y sonríe a las cálidas perlas amaderadas. Sus faros conocen todas mis velas y secretos. Sus pétalos de rosa se aprietan, mordiendo con suavidad mis incansables ganas de comerlos. Saboreando la carne bajo la cual nos revelamos nuestros pensamientos. La neblina del aliento es arrebatada como si se tratara de una tempestad hermosa que solo deja caer rosas a su paso.
Mis manos, como garfios, se aferran a su pulida espalda y mis dedos, como agujas, se clavan en su alma. Sus manos, como espuma, rodean mi motivo de ser y acercan mi deseo al suyo y sus dedos, como hojas, hacen florecer mi piel. En la oscuridad de nuestra pasión la individualidad se hace a un lado y se cultiva algo más grande que el ser o el estar. El amor es agua cuando sabes nadar y es aire cuando todo lo que tienes que hacer es respirar.
Nuestros corazones se atemorizan, oprimiendo el acelerador en las curvas al límite de la piel. Los velocípedos arrastran por sus valles y montañas. Gira y da vueltas, una y otra vez. Primero el izquierdo y luego el derecho. Arriba y abajo. Al cuello y a la oreja.
Mis dedos se enredan en su negro río, su hermoso y sedoso río. Su arrullo canta a través de mis sentidos. Captura mi atención y mis ganas de no dejarle ir. Siente mi fuego y yo el suyo. Un sol que aumenta su resplandor ante las palabras mágicas que una y otra, y otra, y de nuevo, y otra vez nos repetimos; nos susurramos; nos callamos; nos murmuramos. Hasta que el pecho no puede más y las palabras nos azuzan, ¡Arre!
En su ritmo despiadado, el tiempo nos despedaza. Nos palpita en las manos, en las risas, en los sueños.
Acostados. Mirando al todo. No se puede pedir algo mejor que la realidad cuando ésta es mayor a tus deseos más salvajes y a tus sueños más conmovedores.