Una estrella fugaz (primera parte)

El Caballero Jedi Derek Flynt surcaba el vacío del espacio en su caza estelar, mientras se dirigía hacia el remoto planeta Wayland. Había recibido un informe urgente de la Orden Jedi: una padawan de nombre Ylya había desaparecido sin dejar rastro, y era imperativo localizarla cuanto antes. Las circunstancias que rodeaban su desaparición eran misteriosas, y los pocos indicios que se tenían apuntaban a una serie de sucesos extraños que perturbaban la Fuerza.

A medida que el caza se aproximaba a Wayland, una sensación inquietante comenzó a crecer en el interior de Derek. La Fuerza, siempre presente y clara para él, ahora se sentía distorsionada. Percibía perturbaciones inusuales.

Al entrar en la órbita de Wayland, Derek pudo observar la ciudad desde su nave. Una enorme tormenta, mucho más grande y violenta que las habituales envolvía la ciudad. Sus nubes eran de un color oscuro y sus relámpagos… había algo extraño en ellos.

Los canales de noticias locales emitían una cobertura en vivo de la tormenta. La reportera, visiblemente alarmada, informaba que los expertos no podían explicar la magnitud ni la duración de tal fenómeno. La tormenta había comenzado hace varios días, pero lo que más desconcertaba a los científicos era su naturaleza inusual. No solo era más grande que cualquier tormenta registrada previamente, sino que parecía tener una intensidad que no menguaba con el paso de las horas. Además, algunos informes apuntaban a anomalías en la atmósfera y perturbaciones inexplicables en los equipos de comunicación.

Derek comprendió que había una conexión entre la tormenta y la desaparición de la joven padawan. No se trataba sólo de un fenómeno climático. A medida que su nave descendía hacia el planeta, las perturbaciones se volvían más intensas. El Jedi intentó centrarse, pero percibía una sensación de urgencia.

Aterrizó. La atmósfera tensa lo recibió, el aire estaba pesado como si el mismo planeta estuviera preocupado. Derek supo que algo, o alguien, estaba manipulando la Fuerza de una manera peligrosa.

Tras un par de días de investigación intensiva en la ciudad, Derek Flynt había logrado encontrar algunas pistas sobre el paradero de la joven padawan. Los registros de comunicaciones que había conseguido, aunque fragmentados y difíciles de interpretar, apuntaban hacia un sector remoto, alejado de la seguridad y la supervisión de las autoridades locales. Un sector marcado con la categorización “doble cero”, una designación poco recomendable para todos los habitantes de Wayland que quisieran vivir tranquilos.

El Jedi, aunque sereno en su exterior, sabía perfectamente lo que eso implicaba. Los sectores con categoría “1.0” a “0.6” eran áreas conocidas por su tranquilidad y poca actividad criminal. Los sectores clasificados entre “0.5” y “0.4” estaban considerados como relativamente seguros, aunque existía un riesgo moderado de encuentros peligrosos. Sin embargo, los sectores de categoría “0.3” a “0.1” eran lugares peligrosos, donde la probabilidad de enfrentarse a conflictos era alta, y donde las autoridades apenas lograban mantener el control. Finalmente, los sectores de categoría “0.0”, o lo que comúnmente se conocía: “doble cero”, no tenían ninguna garantía de seguridad. Los sectores doble cero eran conocidos por ser refugios de criminales, asesinos y mercenarios, todos aquellos que deseaban permanecer fuera del radar de la ley y la justicia.

El Jedi comprendió que si Ylya había estado en ese sector, su situación era más grave de lo que imaginaba. Aquella zona representaba un peligro mortal para cualquiera que se adentrara allí sin estar preparado para lo peor. Pero Derek no podía dar marcha atrás; la joven padawan estaba en peligro y debía encontrarla.

A medida que avanzaba en su investigación, el Jedi comenzó a percatarse de que algo más siniestro se cernía sobre él. Gracias a su conexión con la Fuerza, Derek pudo sentir que las personas con las que hablaba no le decían toda la verdad. Muchos intentaban desorientarlo, enviándolo en direcciones equivocadas, proporcionándole información falsa. Era evidente que alguien o algo sabía que estaba buscando a Ylya y deseaba confundirlo, desviar su atención. Sin embargo, en medio de las mentiras, un pequeño número de individuos, que no parecían ser conscientes de su verdadera identidad como Jedi, le ofrecieron información veraz, aunque fragmentada. Cada palabra era una pista en el laberinto de desinformación que lo rodeaba, pero Derek sabía que debía seguir adelante.

Mientras se adentraba más en el sector una sensación extraña y peligrosa invadió el aire a su alrededor. El ambiente era denso, como si todo estuviera impregnado de una energía maligna, una fuerza oscura que parecía latir con cada paso que daba. La tormenta, que aún azotaba la ciudad, se intensificaba a medida que avanzaba hacia el sector. Derek observó el cielo con atención: los rayos ya no eran simples descargas eléctricas; su color era extraño, a veces rojos, otros morados, y su longitud era anormalmente larga. Los truenos, en lugar de simplemente retumbar en la distancia, parecían resonar con una sensación de desesperación. En ocasiones, parecía como si los propios truenos se transformaran en gritos de terror.

Derek percibió que la tormenta estaba siendo alimentada por el Lado Oscuro de la Fuerza.

La búsqueda de la joven padawan, Ylya, llevó al Caballero Jedi Derek Flynt a un vecindario apartado en el sector más peligroso de la ciudad. La atmósfera se volvía cada vez más sombría y densa. Sin embargo, Derek, armado con su conexión con la Fuerza, había logrado rastrear la ubicación de la vivienda donde Ylya había permanecido, siguiendo la débil huella que la joven había dejado atrás.

A medida que se acercaba a la entrada de la pequeña vivienda, Derek se concentró en la Fuerza, buscando cualquier rastro que le pudiera indicar lo que había sucedido. Su mente se sumió en una profunda meditación, y fue entonces cuando lo sintió: una corriente de emociones muy intensas. El miedo emanaba de la vivienda. No era un miedo común. Era el miedo de alguien que había sido marcado por algo mucho más oscuro, un miedo que resonaba en la Fuerza.

La joven padawan había experimentado algo tan aterrador que su miedo había dejado una huella muy clara en la Fuerza. Pero lo que más le preocupaba era la magnitud de ese miedo. No era algo que pudiera haber sido causado por un solo evento o encuentro. No, esto era algo mucho más profundo, algo que había estado acumulándose en su interior durante un largo período de tiempo.

Al adentrarse en la vivienda, las sensaciones se volvieron aún más claras. Derek encontró varios objetos personales dispersos por la habitación: algunas ropas, libros y una pequeña mesa de trabajo, pero nada que indicara que Ylya estuviera allí en ese momento. Sin embargo, lo que realmente le llamó la atención fue el rastro emocional que aún impregnaba el aire. Cada rincón hablaba de desesperación y angustia. Era como si Ylya hubiese dejado una parte de sí misma en ese lugar, un vestigio de su miedo y su sufrimiento.

Y fue entonces cuando Derek se dio cuenta de algo: no podía percibir la presencia de Ylya en la Fuerza.

El Caballero Jedi se detuvo un momento, respirando profundamente, tratando de centrarse. La Fuerza podía ser oscura o luminosa, pero siempre tenía una presencia, una huella.

El Jedi sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. El miedo que había percibido en la casa de Ylya era mucho más que un simple residuo emocional. Algo había sucedido para que la joven padawan quedara aislada de la Fuerza, y la tormenta que azotaba la ciudad no era solo una manifestación del miedo de la joven. Derek pronto comprendió que la tormenta había sido causada por el miedo de Ylya, pero no de forma consciente. Su miedo, de alguna manera, había estado alimentando la tormenta, dándole vida propia. A lo largo de la ciudad, ese miedo se había ido acumulando y concentrando hasta convertirse en una entidad capaz de alterar el entorno y la realidad misma.

La tormenta, alimentada por el caos interior de Ylya, era el reflejo físico de su lucha interna. ¿Pero qué era lo que la había llevado tan lejos?. ¿Qué había sucedido para que su mente se viera consumida por tal oscuridad y terror?. ¿Y por qué su presencia había desaparecido de la Fuerza?.

Derek estaba convencido de que la única forma de encontrar a la joven padawan Ylya era dirigirse directamente al núcleo de la tormenta. Su intuición le decía que allí, en el centro de esa perturbación, era donde finalmente encontraría las respuestas que buscaba.

A medida que Derek avanzaba hacia el núcleo de la tormenta, las condiciones en la ciudad se volvían cada vez más extremas. El cielo, aunque teóricamente debería estar despejado, estaba sumido en una penumbra perpetua, como si la tormenta absorbiera toda la luz del sol. La visibilidad era mínima, y el Jedi podía percibir cómo la luz del día se había desvanecido casi por completo. A pesar de que el sol estaba cerca de su punto más alto, la oscuridad de la tormenta lo oscurecía todo, creando un ambiente opresivo y aterrador.

La temperatura también estaba descendiendo rápidamente. Un frío penetrante se filtraba a través de los ropajes del Jedi, envolviendo su cuerpo con una sensación de incomodidad que no solo era física, sino también emocional. La Fuerza estaba alterada, distorsionada, como si todo estuviera atrapado en un ciclo de desesperación.

Mientras caminaba entre los edificios desmoronados y las calles desiertas, Derek escuchó a lo lejos las alarmas de evacuación que comenzaban a sonar. Las noticias locales emitían un mensaje urgente, informando a los ciudadanos de que la evacuación de la ciudad había comenzado debido a la intensificación de la tormenta. Algunos edificios cercanos a su ubicación ya se habían derrumbado, y los residentes, aterrados, huían a través de las calles, tratando de escapar de la devastación. La ciudad, una vez próspera, estaba siendo arrasada por la furia de la tormenta y el caos que había desatado.

A medida que el Jedi se abría paso entre las ruinas, la sensación de urgencia crecía dentro de él. Aunque la evacuación se llevaba a cabo en medio del pánico, Derek no se distrajo.

A medida que se adentraba más en el sector, las amenazas empezaron a materializarse. Primero fue un grupo de ladrones que intentaron robarle, aprovechándose de la oscuridad y el caos que reinaban en el área. Pero con un simple gesto de la mano, Derek utilizó la Fuerza para desarmarlos, dejándolos caer al suelo con un impacto sordo. No tardaron mucho en huir, temerosos de lo que acababan de presenciar. No obstante, poco después fue atacado por un par de asesinos que surgieron de entre las ruinas. Con una destreza mortal, intentaron emboscarlo, pero el Jedi desvió sus ataques con una calma sobrenatural, utilizándolos en su contra. La Fuerza fluía a través de él con intensidad. Los atacantes cayeron uno tras otro, incapaces de enfrentar a un Jedi.

A lo largo del camino, los signos de la devastación eran evidentes. Los edificios, que alguna vez debieron haber sido imponentes y fuertes, ahora yacían en ruinas. Grietas profundas atravesaban el suelo, como cicatrices de una guerra olvidada. Las infraestructuras que alguna vez sostuvieron la ciudad ahora estaban derrumbadas, cubiertas por escombros. El paisaje era un testimonio de la violencia y el desorden que se habían apoderado del lugar. El sector no solo era un refugio para los criminales, sino un lugar que había sido abandonado para morir.

Derek no permitió que el caos a su alrededor lo distrajera. Sabía que cada paso lo acercaba más al centro de la tormenta, y a lo que podría ser la clave para entender lo que había sucedido con Ylya. Al principio, la Fuerza parecía estar a su alrededor, guiándolo, protegiéndolo, pero a medida que avanzaba, un sentimiento más sombrío empezó a envolverlo. Cada vez se sentía más oprimido, como si algo invisible lo estuviera observando, acechando desde las sombras. No solo se trataba de los criminales que lo rodeaban. La Fuerza misma parecía estar alterada, como si las fuerzas del Lado Oscuro estuvieran tomando control de la ciudad.

Tras un largo trayecto, Derek llegó a lo que había sido una gran plaza. Lo que una vez fue un lugar de encuentro, lleno de vida y actividad, ahora era un vasto campo de desolación. Aquí, el rastro de la padawan se volvió más claro, pero también más oscuro. Derek, con su sensibilidad hacia la Fuerza, se concentró, buscando alguna señal de la joven.

Fue entonces cuando lo percibió: un eco claro, que resonaba en la Fuerza. Derek se dio cuenta de lo que había encontrado.

El eco del cadáver de Ylya, brillando en el Lado Oscuro de la Fuerza. Brillaba con una intensidad cegadora, a causa del terror que había experimentado antes de su muerte.

La Fuerza estaba saturada de miedo.

Derek sintió el peso de esa revelación. La joven había sido consumida por el miedo, y su muerte dejado un vacío en el tejido mismo de la Fuerza. Lo que alguna vez había sido una prometedora aprendiz Jedi ahora se había convertido en una víctima del Lado Oscuro.

A través de su profunda conexión con la Fuerza, Derek pudo percibir la línea vital de Ylya. Apareció ante él, un hilo de luz marcado por las emociones que la joven había experimentado a lo largo de su vida. Mientras el Jedi se concentraba más profundamente, las imágenes del pasado comenzaron a surgir, como si estuviera viendo los recuerdos de la propia Ylya.

La familia de Ylya había descubierto, con gran alegría y orgullo, que su hija poseía un gigantesco potencial en la Fuerza. Era evidente para todos que la joven tenía la capacidad de convertirse en una Jedi excepcional, capaz de grandes logros. Sus padres estaban extasiados, no solo por el talento natural de Ylya, sino por el hecho de que su hija podría llevar el nombre de su familia aún más lejos. ¡Una Jedi en la familia!, era un honor que se transmitía de generación en generación, un orgullo que nunca antes se había alcanzado.

Pero entre ese orgullo, Derek comenzó a notar una preocupación, un eco persistente que se repetía una y otra vez. Algo en las intenciones de los padres de Ylya. A través de la Fuerza, el Jedi percibió una obsesión que flotaba en el aire, un susurro constante en la mente de los padres de la joven: “Como Kenobi”. La familia de Ylya no solo quería que su hija fuera una Jedi. No, su ambición era mucho más grande. Querían que Ylya siguiera los pasos de el Maestro Jedi Obi-Wan Kenobi. Ese era su modelo, su estándar. La historia de Kenobi, era lo que los padres de Ylya deseaban para su hija. Para ellos, solo ese camino sería considerado un verdadero éxito.

Derek también pudo percibir algo más a través de la Fuerza: la pasión de Ylya por la medicina. Desde temprana edad, Ylya mostró una fascinación por las ciencias de la salud. Mientras los otros jóvenes Jedi se centraban en el dominio de la Fuerza y el combate, ella prefería estudiar medicina, leer libros adicionales, profundizar más allá de los requerimientos de la Academia Jedi. Sus resultados académicos eran excepcionales, y se la consideraba una estudiante brillante. Era evidente que tenía un futuro prometedor como sanadora Jedi, un futuro en el que podría marcar una gran diferencia.

Pero mientras Derek se adentraba en estos recuerdos, percibió la transformación en la vida de Ylya. Lo que comenzó como una historia de aspiraciones y logros se convirtió en una de presión y sufrimiento. Sus padres no podían ver más allá de sus propios sueños para Ylya. La joven padawan comenzó a sentir la creciente presión de sus padres para que fuera algo que ella no queria ser, para que se convirtiera en la imagen perfecta de lo que ellos creían que debía ser una Jedi. La medicina pasó a un segundo plano. A los ojos de sus padres, esos logros no eran más que una “pérdida de tiempo”. Lo único que importaba para ellos era que su hija siguiera el mismo camino que Obi-Wan Kenobi, un símbolo de la Orden.

Derek pudo sentir el sufrimiento de Ylya, el conflicto interno que se apoderaba de ella. El miedo la había invadido, un miedo inmenso y profundo que crecía a cada día. A medida que sus resultados académicos en medicina se hacían más brillantes, el terror crecía dentro de ella. La joven temía que sus padres la rechazaran por no ser lo que esperaban. El sufrimiento de Ylya era tan grande que, en su desesperación, temía ser castigada por no ser lo que ellos habían soñado.

El Jedi percibió con claridad las olas de miedo que la envolvían. Ylya no quería comunicarse con sus padres. No podía soportar la vergüenza del fracaso, la deshonra de haber fallado. Y por encima de todo, el miedo al castigo. El miedo a lo que sucedería si no cumplía con las expectativas de sus padres, y ese miedo la empujó a huir, a donde fuera, no importaba el lugar, donde no la buscaran.

Ylya se refugió en un sector doble cero, donde se sintió más perdida que nunca.

El aire que rodeaba a Derek Flynt estaba cargado de una extraña presión, casi como si algo invisible estuviera distorsionando la propia realidad. Una presencia que se acercaba rápidamente.

Era una figura fantasmal. Su rostro, aunque reconocible, estaba distorsionado. Le miraba muy sorprendida.

Era Ylya.

Derek comprendió, con tristeza, por qué no había podido sentir su presencia anteriormente. Ylya había quedado atrapada en una especie de limbo.

“Ylya”, dijo el Jedi con voz tranquila, como si tratara de calmar una tormenta interna. “Te saludo.”

La joven se quedó en silencio por un momento, antes de finalmente responder con una voz que sonaba distante, como si viniera de un lugar lejano y distorsionado.

“¿Puedes verme?”, preguntó, su tono lleno de incredulidad. “¿Pero cómo…? Nadie puede verme… Nadie.”

Derek asintió lentamente, sabiendo que lo que tenía que decirle no era fácil.

“Has muerto, Ylya”, respondió con una voz suave pero firme.

Derek vio cómo su expresión cambiaba de sorpresa a un terror palpable.

“¿Muerta? No… No puede ser…”. La incredulidad en su rostro era obvia.

Ylya no quería aceptar lo que había sucedido. La verdad, para ella, era demasiado dura.

El Jedi comprendió rápidamente que la joven no estaba lista para aceptar su muerte. El terror y la confusión la envolvían, pero lo más importante era que su espíritu seguía atrapado, sin poder avanzar hacia la paz. La Fuerza le susurró que Ylya aún estaba atrapada en su sufrimiento, que su alma no podía liberarse hasta que pudiera encontrar la paz.

“Tu sufrimiento, Ylya”, continuó Derek, “está alimentando la tormenta. Todo lo que te rodea, todo este caos, es el reflejo de tu dolor.”

Ylya, mirando a su alrededor, vio lo que el Jedi ya había comprendido.

“Debes encontrar la paz, Ylya”, dijo Derek con firmeza, aunque su tono era suave, lleno de compasión. “Solo entonces podrás liberarte. Solo entonces la tormenta cesará.”

Ylya lo miró, sus ojos llenos de lágrimas que no podían caer.

El Jedi observaba a Ylya.

“Te he encontrado, Ylya”, dijo el Jedi con suavidad, pero con una firmeza que reflejaba la seriedad de la situación. “Te he localizado gracias al eco de tu presencia… el rastro que dejaste en la Fuerza, el eco de tu cuerpo, que aún resuena.”

Ylya se quedó en silencio, observando a Derek con sorpresa. Parecía no entender cómo era posible que un ser vivo pudiera percibir su presencia. Estaba atrapada en el limbo, un estado en el que el tiempo parecía detenerse, y las palabras del Jedi la sacudían de su aislamiento.

“Todo lo que ha sucedido, lo sé, Ylya”, continuó el Jedi. “Sé por qué estás aquí. Sé lo que has sufrido.”

El espíritu de Ylya parecía vacilar.

“Tengo que hablar con tus padres”, dijo el Jedi.

Sin embargo, cuando Derek mencionó a sus padres, algo cambió en el aire. La atmósfera se volvió espesa, cargada de una tensión palpable. Ylya, al escuchar la palabra “padres”, reaccionó de inmediato. Su figura espectral, antes algo estable, comenzó a distorsionarse aún más, como si estuviera perdiendo el control sobre su forma.

“¡No…!” murmuró, su voz temblaba de miedo. “¡No, por favor!.. no!”

La joven padawan dio varios paso atrás, temblando de miedo.

El Jedi, alarmado por su reacción, extendió una mano en un intento desesperado por detenerla. “Ylya!”

Pero sus palabras no tuvieron efecto. Ylya se desvaneció aún más, su forma se desvaneció en el aire como una sombra que no quería ser vista. El Jedi no pudo hacer nada para evitar que la joven se alejara, y por un momento se sintió impotente, como si todo lo que había logrado hasta ahora estuviera desmoronándose ante sus ojos.

La huida de Ylya no pasó desapercibida. Derek, con su profunda conexión con la Fuerza, sintió el impacto inmediato de la reacción de la padawan. El terror que acababa de experimentar había tenido una repercusión directa en el Lado Oscuro. Las corrientes de la Fuerza se agitaron violentamente. La tormenta que azotaba la ciudad, que ya era temible, se desbordó aún más.

(Continuará…)