Primer capitulo de mi libro

Primer capítulo del libro que estoy escribiendo, me falta motivación, espero os guste:

CAPÍTULO I: EL PRIMERO

‘¡Juro que nunca seré tan patético de nuevo!’ proclamé con el puño en alto, al más puro estilo de ‘Lo que el viento se llevó’. Y así es como me encontraba, en el portal de mi casa, un edificio de apartamentos de clase baja que recientemente había sido renovado. Las paredes adornadas con falso mármol color latón le daban un toque interesante al lugar.

Era una noche oscura y la luna brillaba intensamente en el cielo. Sostenía mi brazo en alto, con el puño cerrado con fuerza, mientras la miraba fijamente. Lágrimas voluminosas rodaban por mis mejillas, tratando de esconderse brevemente en la comisura de mis labios antes de caer y estallar contra las baldosas con patrones que se asemejaban al mármol.

Días atrás, había salido de fiesta como lo hacía todos los fines de semana y había consumido grandes cantidades de drogas, incluyendo éxtasis. Esto había provocado en mí una depresión posterior que solía aparecer entre 2 y 3 días más tarde. Cuando mi nivel de serotonina volvía a la normalidad, me convencía a mí mismo de que no volvería a consumir, sin embargo, el siguiente fin de semana volvía a caer en el mismo patrón de consumo de psicotrópicos.

En mi interior, era consciente de que no podía seguir viviendo así. Imágenes y recuerdos negativos invadían mi mente. Mi ex pareja, y cómo ella estaba avanzando en la vida mientras yo seguía siendo un fracasado. Había engañado a mi cerebro con la falsa sensación de felicidad artificial y ahora estaba sufriendo las consecuencias.

Con los hombros caídos y la mirada baja, subí lentamente las escaleras, empujándome a mí mismo con cada peldaño. Me sentía como un fracasado, sin ganas.

Al encender la luz y entrar en mi hogar, me encontré con mi gato, al que llamaba ‘michi’, justo en frente de mí. Michi era un viejo gato europeo de un extraño color azulado. No era especialmente amistoso y, en ese momento incluso parecía estar juzgándome desde su interior.

Después de cerrar la puerta, entré en mi pequeña buhardilla. Realmente no era una buhardilla, sino un desván que había sido transformado en un apartamento. Esa noche estaba completamente solo, ya que mi madre trabajaba en una residencia. Crucé el pasillo, entré en mi cuarto y encendí mi ordenador.

En aquellos días, solía visitar con frecuencia un sitio web llamado 4chan, en el que me encontraba con otros inadaptados como yo. En una ocasión, un usuario publicó la pregunta ‘¿cómo puedo ganar dinero rápidamente?’ y otro respondió con la palabra ‘g4p’. Estaba confundido y me preguntaba qué significaba esa extraña palabra.

Inmediatamente abrí una nueva pestaña y busqué el término. Descubrí que era un acrónimo de ‘gay for pay’, lo que significaba ofrecer servicios sexuales a hombres a cambio de dinero, sin ser gay, solo por el dinero. No sabía por qué, pero esa idea me llamó la atención. Tal vez fue la desesperación que estaba sintiendo en ese momento, o tal vez era el efecto de los medicamentos recetados por mi psiquiatra. De cualquier manera, decidí pensar seriamente en esa posibilidad. ‘¿Por qué no probarlo?’ pensé.

Aunque mi autoestima era inexistente debido a una infancia protegida en exceso, siempre estuve seguro de mi apariencia física. Sin embargo, el miedo que me invadía constantemente en todos los aspectos de mi vida me impulsaba a ir al gimnasio. Temía ser atacado sin razón, lo que me motivaba a levantar pesas. Además, mi cuerpo estaba naturalmente bien formado, lo que me hacía atractivo.

Pero, ¿qué sabía yo sobre los homosexuales? ¿cómo podrían gustarles personas como yo? ¿debía depilarme o dejar crecer el vello? ¿hasta dónde debía llegar en términos sexuales? ¿tal vez debería comprar un juguete y lubricante para experimentar? Un torbellino de preguntas inundaba mi mente, dejándome confundido y temeroso, como siempre sucedía cuando intentaba lidiar con alguna cuestión en mi vida.

Mientras estaba absorto en mis pensamientos, me di cuenta de que era la hora de tomar mi medicamento para la ansiedad. Como siempre, este momento se convirtió en uno de mis favoritos del día, distrayéndome de cualquier otro tema. Apagué la computadora y me fui a la cama, pensando en cosas más agradables.

A la mañana siguiente, como de costumbre, mi madre me despertó al llegar del trabajo. Su rutina era siempre la misma: cocinaba un huevo mientras se quejaba de su vida, sus compañeros y su trabajo. Después de comer, tomaba una pastilla para dormir y se encerraba en su habitación.

Me levanté con poca energía y me preparé un café. Mientras revolvía la cuchara en la taza, también revolvía en mi mente la idea de prostituirme por dinero. La verdad es que estaba intrigado y confundido. ¿Estaba realmente considerando esta opción?

Tomé un lorazepam mezclándolo con el café en un intento cutre de speedball y me senté frente a la computadora con la intención de actuar. En aquellos tiempos, existía una página llamada ‘pasión’ donde se anunciaban servicios de prostitutas, travestis y escorts.

Sin embargo, como descubriría más adelante, estos términos eran considerados ofensivos por aquellos que se dedicaban a dicha profesión. Preferían ser llamados ‘escorts’ o ‘personas de compañía’, ya que se sentían diferentes a aquellos que vendían su cuerpo en la calle a cambio de poco dinero o drogas.

Observaba la sección gay con dificultad, ya que nunca antes había interactuado con personas homosexuales. Ser catapultado a este nuevo mundo tan rápidamente me generaba un choque cultural importante. ‘¿Qué se supone que debo hacer?’, pensé, aunque la respuesta era obvia: poner un anuncio. El problema era que, al igual que caminar sobre un tablón en el suelo era sencillo, hacerlo a 50 metros de altura -o en otras palabras, bajo una fuerte presión emocional- era más complicado. Mi mente estaba llena de prejuicios, miedos y curiosidad, lo que me dificultaba pensar con claridad.

Antes de publicar mi anuncio, debía tomarme algunas fotos para mostrar mi ‘producto’, como un vendedor que cuelga pavos en Navidad. Pero, ¿qué tipo de fotos debía tomar? Antes de que se implementara una política más estricta en España, los trabajadores sexuales podían publicar imágenes explícitas en sus anuncios. Podías ver un hombre en suspensorio en un anuncio y una foto de un gran pene en la siguiente. Era el ‘salvaje oeste’ de las páginas de contactos y, para ser honesto, era emocionante.

Como un veinteañero adicto a las drogas, decidí no copiar a mis competidores y tomé una foto en el espejo del pasillo.

Bueno, después de conseguir la foto, llegó el momento de completar la presentación. ¿Qué escribiría? No me preocupé por mirar otros anuncios, preferí ser un joven educado y poner algo así: ‘Hola, buenos días, soy un chico atlético. No estoy aquí para juzgar la orientación sexual de nadie, creo que todos deberíamos ser libres de expresarnos y disfrutar como queramos. Si te gusta lo que ves, no dudes en contactarme’.

Sin embargo, mi intento de ser respetuoso y agradable acabó siendo ridículo. No mencioné mi tamaño, ni mis servicios, ni los precios. Estaba perdido en este nuevo mundo gay y quería parecer lo menos amenazante posible, así que no pude evitar el tono disculpatorio.

Pronto, recibí varios mensajes de WhatsApp de diferentes personas. Uno decía ‘Hola guapo’, claramente de un hombre mayor. Incapaz de creer lo que veía en la pantalla de mi teléfono, moví el dedo para desplazarme por las conversaciones que no paraban de llegar.

Una sensación de miedo me invadió repentinamente, hasta que no pude soportarlo más. Abrí rápidamente el navegador y con las pupilas dilatadas, la adrenalina me convirtió en una máquina eliminadora de anuncios de páginas de contactos. Pulsé el botón de ‘eliminar’ sin pensarlo dos veces. La página me preguntó si estaba seguro y sin dudarlo contesté en mi mente: ‘Por supuesto’.

Luego de borrar el anuncio, sentí un alivio inmenso. Mis dedos ya no estaban agarrotados, mi boca ya no se sentía seca y parecía que incluso había tomado un lorazepam sin haberlo hecho. El día siguió sin más acontecimientos y pude dormir tranquilamente.

La mañana siguiente, alguien llamó a la puerta. Era mi madre, que había vuelto del trabajo. Alcanzó mi teléfono, que seguía reorganizándose en mi cama, sintiendo cierto temor.

Apenas pude tocarlo debido a la ansiedad, pero logré contestar.

Finalmente, llegué a mi objetivo, pero por alguna razón, mi pantalla se negaba a encender. Me miré a mí mismo reflejado en ella, en espera de algún tipo de señal de vida, aunque sabía que estaba apagada. Me quedé allí, mirándome durante un momento, pero mi mente estaba en otro lugar, recordando lo sucedido ayer.

Decidí volver a publicar el anuncio y, como lo había hecho antes, rápidamente comenzaron a llegarme mensajes. ‘¿Qué servicios ofreces?’, ‘¿Cuánto cobras?’ eran algunas de las preguntas que aparecían en la pantalla.

En ese momento, recordé a una de mis ex novias, quien también trabajaba como acompañante. Ella solía cobrar 35 euros por un servicio oral rápido, 50 euros por una media hora y 80 euros por una hora completa. Entonces, decidí copiar sus precios.

‘30 euros por sexo oral, 50 euros por media hora y 80 euros por una hora’, escribí en varias conversaciones.

Uno de los solicitantes respondió: ‘Vale, ¿cuándo podemos vernos?’

‘¿Ahora?’, respondí.

‘Genial, vivo en blablabla…’ dijo el hombre, dándome su dirección completa.

‘Entendido, iré para allá’, respondí.

Ese día estaba lloviendo. Había tomado dos tabletas de lorazepam y me encontraba en un estado de alteración tan profundo que, al entrar al metro y caminar en dirección a las puertas mecánicas, olvidé cerrar mi paraguas.

No recuerdo exactamente en qué estaba pensando, simplemente estaba en blanco.

Una vez en la ciudad, salí del metro y caminé unos 10 minutos hasta encontrar la calle donde se encontraba mi cliente. Allí, comencé a sentirme muy nervioso y estuve a punto de darme la vuelta. Me tomé otra pastilla de lorazepam, esta vez masticándola y moviendo el polvo debajo de mi lengua para que se absorbiera lo más rápido posible.

No estaba seguro si fue por el efecto del placebo o no, pero dudaba que me hubiera dado tiempo a la droga de hacer efecto cuando decidí avanzar hacia el edificio. Tocó el timbre, le abrieron y subí.

Cuando el hombre me abrió la puerta de su casa, me encontré con alguien en sus treinta y tantos años, más bajo que yo y de apariencia bastante inofensiva, lo que me tranquilizó un poco. No es que estuviera particularmente asustado, en primer lugar porque había tomado una dosis alta de lorazepam y en segundo lugar porque estaba en buena forma física, pero aún así me sentía intimidado por la situación en general.

‘Ven, sígueme’, me dijo el hombre, llevándome a la cama.

Yo no estaba seguro de cómo abordar la situación, pero tampoco sentía ningún nerviosismo. Simplemente estaba allí, con una sonrisa tonta en los labios y una mirada relajada. Me acerqué y lo besé, sin sentir asco a pesar de que mi amígdala no estuviera completamente activa en ese momento.

Me pareció curioso el roce de la barba y la diferencia en la estructura de la boca en comparación con la de una mujer. Pero eso fue todo lo que pude pensar, ya que soy una persona muy analítica y había adormecido mis emociones por completo. Me limitaba a dejar pasar el tiempo pensando en cualquier cosa mientras besaba al hombre.

Después del beso, me quedé parado frente al hombre, con su pene expuesto. ‘Probablemente quiera que le haga sexo oral’, pensé para mí mismo. Dudé por un momento antes de decidir hacerlo. Me imaginé que sería como meterse una salchicha en la boca, por lo que realmente no era tan terrible. ‘¿Qué más da?’ me pregunté, y finalmente me agaché para hacerle sexo oral.

Me sentí extraño al hacerlo. No sentía ninguna excitación, pero pensé que al menos esta experiencia me serviría como confirmación de que no me atraían los hombres. Mientras tenía el pene en la boca, me imaginé que era una salchicha o un chorizo. Después de todo, ¿quién no puede meterse un chorizo en la boca? Además, estaba recibiendo 50 euros por media hora, lo cual no era un mal trato considerando que había trabajos mucho más difíciles por menos paga.

En definitiva, quitándome los prejuicios y la emoción del asunto, me di cuenta de que todo se reducía a meterme un chorizo en la boca durante 20 minutos por 50 euros. Después, el hombre intentó tener relaciones sexuales conmigo, pero obviamente no funcionó. Se puso un preservativo y trató de penetrarme, pero no había ninguna posibilidad. Nunca había tenido experiencias sexuales con un hombre antes, excepto algunas veces en las que había tenido que digerir una excreción especialmente dura. Al final, los 30 euros que había pagado no cubrieron la actividad sexual, ya que solo había hecho una felación. Pero al menos había tenido una curiosa experiencia por 50 euros.

Hice un sonido de disgusto con la boca y volteé, diciendo: ‘Vaya, ¿no quieres entrar?’ A lo que respondió el individuo: ‘No importa’.

Removió el condón y se masturbó durante unos instantes mientras lo besaba de nuevo, hasta llegar al clímax.

Una vez alcanzado el orgasmo, hubo una breve conversación llena de oxitocina. ‘Eres muy joven, ¿verdad? No suelo ver a jóvenes españoles haciendo esto’, comentó.

‘Y mucho menos a heterosexuales’, pensé para mi mismo.

Me dió los 30 euros convenidos y me despidió con un ‘nos vemos, hasta otra’. ‘Bueno, adiós’, respondí con una sonrisa.

Al salir del recinto, miré mi mano. 30 euros. Había ganado una suma de dinero importante en tan solo 20 minutos, algo que para mí era una gran cantidad de dinero en un periodo tan breve de tiempo. Además, lo más relevante era que había logrado algo que solo un pequeño porcentaje de hombres podría conseguir, que fue apagar completamente mi ego, y todo gracias a mis metas y objetivos.

‘Esta experiencia demuestra que voy en serio en la vida’, reflexioné, mientras una sensación de euforia y victoria me invadía.

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Buenas, espero que te encuentres bien.

Me parece que escribes bien. Te puedo dar unos consejos que en mi opinión pueden mejorar tu texto.

¿Qué pasó en el primer y el segundo párrafo? Suenan iguales con diferentes palabras.

El párrafo del gato. Espero que vuelva a aparecer, porque parece que simplemente lo mencionas y luego lo olvidas.

En lo personal este estilo de negación me parece innecesario. Yo lo cambiaría por:

Después de cerrar la puerta, entré en mi pequeña buhardilla, un desván que había sido transformado en un apartamento.

Otro ejemplo que puede mejorar:

El problema era que, al igual que caminar sobre un tablón en el suelo era sencillo, hacerlo a 50 metros de altura -o en otras palabras, bajo una fuerte presión emocional- era más complicado.

Con esta frase tengo más inconvenientes. Te daré un consejo, confía en lo que escribes, respeta a tus lectores. Créeme cuando te digo que puedes mejorar cuando no dices las cosas, solo las dejas por sentado.

Bueno ha sido un gusto, si quieres devolverme el favor, te invito a que leas algo que he publicado y puedas darme tus opiniones también.

Hola, @Pepe_Yfro !

Ayer lo leí. De corrido hasta el final, porque quería saber qué pasaba. Al terminar me pregunto sobre la vida de este chico y qué le depararán estas experiencias. Hacer que quien te lee no suelte la página es muy bueno; desde luego, conmigo lo has conseguido.

Utilizas con soltura términos científicos/médicos (el abrazo de oxitocina y más cosas), cosa que me hizo pensar que tal vez eres del gremio sanitario como yo.

Me gusta el texto. Está escrito con naturalidad y ligereza, no se hace pesado.

Yo no estoy de acuerdo con lo que te ha dicho @Ohm . Entiendo que, cuando uno narra en primera persona, es la voz del personaje lo que está llegando intacta a sus “oídos”. Por lo tanto, al menos yo, lo que respeto es esa voz tal y como me formula las cosas. Cuando lees a Salinger, Holden repite la palabra “phonie” mil quinientas veces; a través de la narración en 1ª p., el enfoque directo que tenemos es la personalidad del personaje y eso es sagrado, por descontado estando por encima de lo que el autor juzgaría. Un personaje dice las cosas como las dice por cómo es; si tú como autor le “oyes” así, así es como es, y así nos estás mostrando a quienes te leemos cómo él es.

Y la frase de la presión emocional me encanta. Dale con más metáforas/analogías de esas; yo me sentí identificada; llegar de ese modo a quien te lee, también es importante.

Abrazos.

Pues ha de ser un personaje que se debe desarrollar mucho más. En lo personal no imagino a un hombre heterosexual acceder “tan fácil” a trabajar en esas cosas, al menos desde mi punto de vista. No considero una molestia, más un detalle que espero sea relatado más adelante.

Y pues entiendo lo que dice Ki, claro que mis consejos son abiertos a interpretación y siempre respeto tu escritura, por eso cuando me arriesgo a decir como YO escribiría una frase, no lo hago en son de decir que sería mejor, solo que mi estilo está definido, en cambio veo que tu estilo puede pulirse aún.

@Ki123 Ki, vamos que tú sabes que yo te quiero, un abrazo de Reyes Magos en tu día. Besitos.

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jajajajajjaja felices Reyes Ohmicito!!!

Bueno, igual eso se va viendo con la historia?

Espero estés pasando un día bonito.

¿Cómo sería contigo? ¡Felices Reyes, Reyes!

:joy: :joy:No sé!!! Kicita?!

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