Rituales al terminar una novela

Muy buenas a todo el mundio.

Esto poco tiene que ver con publicar, escribir y demás, pero me parecía curioso soltar la pregunta. El proceso de escritura es intenso y desgasta mucho.

No sé si os sucede pero, en mi caso, la mejor sensación llega cuando pongo el último punto al primer borrador de la novela (antes de las correcciones).

Es una sensación única (y muy íntima) en la que digo adiós (o hasta pronto) a esos personajes con los que he convivido y a los entornos en los que me he movido horas y horas, cada día, durante semanas. Para mí, es algo mágico que hace que esto merezca la pena (y que cada historia nueva se disfrute como la primera).

Como colofón, tengo un ritual: whisky (escocés o irlandés, a poder ser, aunque esto puede variar según el mueble de las botellas), Coltrane y dejo que las últimas imágenes se disuelvan mientras la novela descansa y fermenta.

¿Cuál es el vuestro? ¿Tenéis uno?

Un abrazo.

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Desde hace unos años, ya no paro hasta tener el borrador definitivo, incluyendo las correcciones (primero hago unas cuantas decenas de revisiones sobre el texto y, a continuación, utilizo un programa de voz para comprobar cómo suena leído en alto y detectar además así las últimas erratas; esto suele llevarme una o dos semanas).

Una vez terminado, depende de si lo pienso publicar por cuenta ajena o propia, me doy un descanso o no. Si es en el primer caso, me voy a pasear unas cuantas horas, luego a un restaurante para darme un homenaje, y tal vez fume un puro ―si me apetece― en la playa; todo ello aumenta mi sensación de satisfacción. En el segundo supuesto, hago esto mismo pero solo después de haber subido la obra a todas las plataformas y haber realizado la campaña de promoción.

A partir de ahí, cojo unos cuantos libros que me apetecía leer y disfruto del merecido descanso un tiempo. Antes de comenzar otro proyecto, alterno la lectura con paseos, quedadas con amigos y senderismo (y, sobre todo, playa si se puede), además de alguna película o serie. En fin, temporada de ocio sabiendo que el trabajo está hecho y despejando la mente ya para el que está por venir; durante ese intervalo voy pensando en ello.

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Yo trato de hacer del largo tiempo que insume la escritura, un período placentero y lo menos conectado con el mundo que sea posible, lo que siempre resulta ser una desconexión sumamente parcial, y tratando de definir para cada escrito en particular a qué instancia consideraré como El Final. Sabemos bien que no existe un final sino cierres de etapas, establecer la estructura, primera redacción del manuscrito completo, revisiones, planes de publicación y mercadeo, presentaciones, etc. Por cierto, la primera redacción completa es la más significativa, una etapa sedentaria, solitaria y concentrada. Por ello, más que tener un ritual de finalización, procedo a compensar y “sanar” esas tres condiciones a las que me había sometido voluntariamente: la sedentaria con movimiento, la solitaria con compañía y la concentrada con apertura. La palabra clave para mí es la única que actúa fisiológicamente como descanso para la corteza cerebral: Diversión. Esto significa buscar lo diverso. Fiestas, alguna luna de miel postergada durante la escritura, muchas risas y cierta medida de descontrol. Sin embargo considero también a estas actividades como parte del proceso, el necesario distanciamiento para luego retornar al, texto, leerlo con ojos ajenos y cumplir con el resto de las etapas. Todo el conjunto es lo que tanto me fascina de la vida de escritor.

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Es curioso que tengamos procesos similares. Se me olvidó mencionarlo: en mi caso, tras esa pequeña pausa, sigo trabajando hasta la publicación del libro. Una vez terminado todo, entonces sí me aireo con un par de semanas de puro hedonismo. Es mi manera personal de recargar las baterías.

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Pues sí, ja, ja, ja. Supongo que el proceso creativo sigue sus pautas, también a nivel inconsciente. :slight_smile:

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